domingo, 30 de diciembre de 2012

El cine catástrofe argentino


Sábado 29 de diciembre de 2012 | Publicado en edición impresa

Saldo deudor

En 2012 se estrenaron 130 películas nacionales, el 40% del total, pero sólo llevaron a los cines al 10% de los espectadores, un desfase preocupante

Por Javier Porta Fouz  | Para LA NACION

Adrián Suar y Carla Peterson en Dos más dos, lo más visto del año, con un millón de espectadores.

El cine de 2012 ofreció unos 310 estrenos. De ellos, cerca de 130 fueron argentinos o coproducciones con la Argentina. Es decir, más del 40% de los estrenos en la Argentina fueron argentinos. Notable. Pero lo notable no siempre constituye una buena noticia. Al hablar de números y economía del cine hay que pensar en la producción, la distribución y la exhibición. Se produce mucho, no hay dudas. Ahora bien, ¿qué se produce? ¿Cómo se distribuye? ¿En qué condiciones se exhibe? El cine argentino 2012, según casi cualquier análisis que se haga, fue una catástrofe en términos de mercado. Con más del 40% de los estrenos, no se llegó a obtener ni el 10% de la cantidad de espectadores: menos de 4.500.000 de un total de 46 millones.

La película argentina más vista, Dos más dos , llevó aproximadamente un millón de espectadores: es decir, se quedó con bastante más del 20% de los espectadores que obtuvo el cine argentino. Las cinco películas más vistas del cine argentino hicieron cerca de 2.800.000 espectadores, o sea que concentraron más de la mitad del total de entradas vendidas para el cine nacional, lo que significa que las 125 restantes se repartieron el resto. Puesto de otra forma, el 3,8% más taquillero del cine argentino se quedó con más del 50% de la riqueza. Y si seguimos avanzando en el listado veremos que los 15 títulos argentinos más vistos vendieron un poco más de 3.800.000 entradas, lo que significa que los 115 restantes se quedaron con un poco más de 600.000: es decir, el 88,5% de los estrenos argentinos menos vistos se repartió el 13,5% de las entradas que obtuvo el cine local. El promedio de esas 115 películas argentinas fue de 5.350 espectadores. Si tomamos las 130, el promedio da 33.000. El promedio general para todo el cine estrenado (argentino más extranjero) da 150.000 espectadores por película. Claro, en el cine argentino se estrenan películas pequeñas, documentales que ostentan cifras de asistencia de 7 espectadores (sí, 7, datos de Ultracine). 53 de los 130 estrenos argentinos llevaron menos de 1000 espectadores cada uno. Y 21 de ellos vendieron menos de 200 entradas. Esta inflación de estrenos tiene que ver, evidentemente, con que se considera estreno a títulos que van a salas de centros culturales en pocos horarios y que no son productos que apuntan a masividad alguna.

De todos modos, también en la parte superior de la pirámide se detectan problemas. Los cinco estrenos argentinos más vistos en 2012, sumados, apenas superan la mitad de los espectadores de la película más vista del año: La Era de Hielo 4 que, sola, hizo más espectadores que las 130 argentinas sumadas. Pero hay más, para poner en dimensiones más claras este fracaso de muchos títulos y espectadores esquivos del cine argentino 2012: tener menos del 10% del porcentaje del mercado con más del 40% de los estrenos es a todas luces una performance muy pobre. Y no es necesario comparar con países como Francia, que tiene un gran mercado para su propio cine basado en políticas consistentes que sostienen la diversidad.

Este 2012 del cine argentino fue pobre incluso según comparaciones hechas fronteras adentro. Desde 1991 a 1999 solamente en años históricamente catastróficos como 1991, 1994 y 1996 el cine nacional estuvo por debajo del 10% en porcentaje de mercado. Y no es necesario irse a épocas de gloria como al período de los estudios o a algunos años de la década del setenta, o a esos entre el 1984 y el 1986 (1984: de las cinco películas más vistas, tres eran argentinas; 1985: de las cinco más vistas, dos argentinas; 1986: de las cinco más vistas, tres eran argentinas). Entre 1997 y 2002, el porcentaje del mercado osciló cerca del 15% e incluso llegó a alcanzar el 19%. En 1999 hubo un 15 por ciento de estrenos argentinos (38 títulos sobre un total de 257), que lograron el 17% de los espectadores. En 2000 los estrenos fueron 47 sobre un total de 258, un 18 por ciento que se llevó el 19% de los espectadores (6.300.000 sobre 33 millones). Como puede apreciarse, en ambos casos hubo mayor porcentaje de espectadores que de estrenos nacionales. 2010, 2011 y 2012 (2009 fue bueno gracias casi exclusivamente a El secreto de sus ojos ) fueron años pobres: el mercado para el cine argentino parece perderse mientras se suman y se suman títulos que no tienen público. ¿Por qué esta caída, esta situación distinta a la de fines del siglo XX y principios del XXI? Hay diversas hipótesis: se hace cine argentino que no interesa, hay decenas de producciones demasiado precarias, se repiten y repiten temáticas (peronismo, derechos humanos y militancia, por ejemplo), se nota cada vez más la escasez de circuitos de exhibición alternativos (aunque están los cines del Incaa), se genera un mercado inundado, anegado de cine argentino (130 películas en un año da exactamente 2 películas y media por semana, con mayor concentración en el tercer trimestre, justo cuando va muy poca gente al cine), hay un estado tecnológico y un marco legal no adecuados a la era digital.

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Pero hay otra clave: en este momento, el cine argentino comparte las salas casi en exclusividad con el cine estadounidense. Entre 1984 y 1986, la cartelera exhibía una variedad de procedencias muy superior a la actual: sin contar coproducciones, en esos tres años sumados hubo 518 estrenos estadounidenses, 165 argentinos, 152 italianos, 103 franceses, 90 brasileños, 56 de Alemania Federal y 56 de España. En 2012, después de descontar de los 310 estrenos el cine de Estados Unidos y el de la Argentina queda muy poco, apenas excepciones en forma de escasez. El resto del mundo hoy tiende a desaparecer de la cartelera argentina, e incluso también decae el cine estadounidense mediano, y estas ausencias se hacen aun más patentes fuera de la ciudad de Buenos Aires y la zona norte del conurbano. Por el contrario, esos años de buenas performances del cine argentino entre 1998 y 2000 estuvieron acompañados de una variedad importante y notoria en la cartelera (años de éxito del cine iraní, del Dogma, de grandes nombres franceses, de Kitano estrenado comercialmente). Hoy no hay tal variedad, ni se la apuntala para que regrese y tenga mejores chances.

El cine argentino no dialoga con cinematografías similares, no es parte de una oferta variada que le sería beneficiosa: está ahí inflado, sostenido por políticas culturales que favorecen ciertas producciones pero no una distribución ni una exhibición lógicas, por políticas que no apuntan a la diversidad de la cartelera sino a la acumulación de la recaudación que crece gracias a que se venden más entradas para los tanques de Hollywood (cada entrada genera ingresos para el Incaa). Simplificando, se puede decir que esos tanques sostienen con cada vez más dinero a un cine argentino que crece y crece en cantidad de títulos mientras los espectadores ni se enteran de la existencia de la inmensa mayoría de lo estrenado: las películas son de nosotros, las butacas llenas son ajenas.

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