sábado, 1 de diciembre de 2012

Bienvenido don Bertolt a la Argentina


01.12.2012 | una obra teatral cuenta la historia de Marita Verón

Brecht se hubiera emocionado cuando Susana Trimarco subió al escenario y dijo: "Aún me falta encontrar a Marita."

Por: 

Víctor Ego Ducrot


Es una manera de decir, pues Bertolt Brecht no acometió con una tarea de tiempos y espacios imposibles, porque el gran teatrista, autor y director alemán falleció en un tiempo de espanto para los argentinos, el 14 de agosto de 1955.

Escribí de espanto entre nosotros porque ese agosto fue el que precisamente medió entre la masacre del 16 de junio en la Plaza de Mayo y el golpe de septiembre contra el presidente constitucional Juan Domingo Perón; y dicho sea de paso, lo descarnado del dolor colectivo suele ofrecer escenarios, tramas y tramoyas como las que citaré a continuación, aunque sea en unos pocos párrafos, ya  que se me fueron sobre el teclado los dedos memoriosos cuando estampé recién el año, lo cual indica que serán como un paréntesis entre lo que sí me propongo ensayar.

“Caminé a paso ligero, casi arrastrando a Alejandro detrás de mí, y quise ver la hora; las doce y media pasadas. Apuré un poco más el paso y un ruido que me resultó extraño de repente nos aturdió (…). Eran aviones. Después, una explosión enorme y una lengua de fuego y gritos que venían de todas partes. Había estallado el trolebús  que queríamos alcanzar (…) hombres y mujeres, el vendedor de diarios, un policía sin gorra, una ciega con su caja vacía de ballenitas (…) sin soltar la mano de Alejandro, que miraba a su alrededor sin darse cuenta bien de lo que ocurría (…) no me di cuenta de que gritaba y lloraba al mismo tiempo; por Alejandro que estaba en mis brazos, por Marta que estaba sola en el sanatorio; por mí (…). Me detuve, me senté sobre el cordón de la vereda y le dije a una mujer que me miraba con ojos de terror: ¡son unos hijos de puta están matando a la gente (…) – Fue una masacre José Luis – le contó Pedro Bordenave a su viejo amigo José Luis Pedernera, recién llegado a Buenos aires, sobre los acontecimientos del 16 de junio de 1955”. Párrafos tomados no al azar de mi novela El Derrocado; Editorial Sudamericana; Buenos Aires; 2005.

Sigamos. Cuando el miércoles me dispuse a ver la pieza de teatro Mika, en la Sala Eva Perón de una dependencia anexa al Senado bonaerense, me acordé de Brecht. Me acordé de él y rebusqué algunos datos que refrescar: fue el creador del “teatro épico”, concepción dramática desde la cual cargó contra el “espectáculo vacío”, los argumentos manipuladores y la emoción melodramática tenían como numen al mismísimo Konstantin Stanislavski, el mismo que intentaba copiar “el comportamiento humano” mediante técnicas digamos que sumergimiento del espectador en las aguas del argumento, o más o menos.

Reconocía al teatro como “entretenimiento”, sí, pero tampoco a lo Artaud (por Antonin), a quien lo criticaba por apelar a un uso pueril y machacante de lo irracional; y mucho menos al que surgía y surge de la lógica aristotélica, la que busca identificaciones entre público y personajes, entre el espectador y las emociones creadas sobre el escenario. Brecht fue el que propugna “el distanciamiento” desde realidades irreales, con signos externos en carteles y músicas en síntesis, en comedias más que en tragedias.

Cuando uno ve teatro brechtiano tiene emociones emparentadas con las que provoca la poesía de Leónidas Lamborghini: y pienso en que “me detengo un momento / por averiguación de antecedentes / trato de solucionar importantísimos / problemas de estado; / vena mía poética susúrrame contracto / planteo, combinación / y remate”. (El solicitante descolocado).

Decía el jueves pasado la agencia AgePeBa: Marita Verón fue víctima de una red de trata de mujeres para explotación sexual, en la provincia de Tucumán, en 2003. La obra teatral sobre ella y su mamá recorrerá la provincia de Buenos Aires.

 Así lo informaron anoche en La Plata, quienes están a cargo de esa producción teatral impulsada por la presidencia de la Cámara Alta provincial, en el contexto de sus trabajos para instalar y legislar sobre violencia de género, tema sobre el cual el vicegobernador Gabriel Mariotto había inaugurado la semana pasada, en el mismo lugar, un primer foro sobre el tópico, con multitudinaria asistencia.

Creada y dirigida por la artista platense Jimena Duca, Mika está inspirada en la causa llevada adelante por Susana Trimarco  –madre de Marita Verón–, quien en aquel 2002 inició una lucha militante que permitió recuperar a 150 mujeres secuestradas en la Argentina para ser explotadas en prostíbulos y otros antros degradantes de la condición humana. 

Se trata de una propuesta teatral concebida y estrenada en la sede de Naciones Unidas (ONU) en 2008, en el marco de un programa internacional contra la violencia de género y la trata de mujeres. Denuncia en forma contundente a la corrupción policial, a la mirada esquiva de la justicia y la indiferencia de ciertas autoridades políticas.

“No pusimos aquí, en La Plata,  la versión exacta que se vio en Nueva York, porque no sólo se trata de un público distinto sino porque en la Argentina de hoy rige una ley sobre trata de personas, lo que hace que los tratamientos del problema sean diferentes”, explicó Duca a Tiempo Argentino. “Es una especie de creación colectiva”, ya que todos los actores aportaron a los arreglos respecto de las funciones realizadas en la sede de la ONU, añadió la directora platense, para quien “la mirada del artista significa ponerse ante espejo con un poco de aumento, para reflexionar, para ver como podemos cambiar de sociedad; apuntar hacia donde pueda venir el cambio. Es una herramienta poderosa y efectiva para abrir debates y también para concientizar”.

El público aplaudió a rabiar al elenco integrado por Sofía Boué, Malena Sandy Hernández, Sebastián Richard, Eduardo Spinola, Micaela Suárez y Agustín Tellechea. 

Una de las espectadoras, fue la ex diputada Laura Berardo,  militante del movimiento de mujeres que trabaja desde el proyecto Casas Compañeras, el entramado territorial que encabeza Mariotto en todo el territorio. “Es fundamental vincular la política con la cultura, para poder interrelacionarnos con la sociedad, con nuestro pueblo y con nuestra ciudadanía. 

Este es un tema que se tiene que trabajar a fondo tal cual se viene planteando en los encuentros como este”, dijo entusiasmada después de haber presenciado esa suerte de desembarco brechtiano en La Plata.

Pero eso no fue todo. Don Bertolt hubiese disfrutado a lo loco con la puesta escénica que finalmente concluía como estreno en el país, antes de encarar la agenda de funciones itinerantes por toda la provincia de Buenos Aires que tiene prevista a partir del próximo marzo. 

Sí, Brecht se hubiese emocionado cuando la verdadera Susana Trimarco, no la recreada en la trama, subió al escenario y dijo: “aun me falta encontrar a Marita, mi hija, pero ya recuperamos a muchas hijas, a más de 900 jóvenes que estaban siendo explotadas en forma despiadada”.

Bienvenido a la Argentina, gran Bertolt Brecht. 

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