domingo, 9 de diciembre de 2012

Beatriz Catani: Cuando la muerte se transforma en pura poesía

Domingo 09 de diciembre de 2012 | Publicado en edición impresa

Luego del fallecimiento de su pareja, la destacada artista platense escribe un diario que potencia su creatividad

Por Carlos Pacheco  | LA NACION

Beatriz Catani encuentra hasta en la muerte la belleza necesaria para transformarse y transformar. Foto: Santiago Hafford

Una clase magistral, en julio, dentro del proyecto Panorama Sur (en el Malba) y una conferencia dentro del ciclo Mis documentos (coordinado por Lola Arias, en el Centro Cultural San Martín), hace un par de semanas, mostraron a una Beatriz Catani diferente.

La actriz, dramaturga y directora que, desde la ciudad de La Plata se proyectó con fuerza, primero en Buenos Aires y luego en destacados festivales europeos, en ambas oportunidades mostró una arista distinta de su personalidad. El fallecimiento de su pareja, el destacado director teatral platense Quico García la llevó, por un lado, a reparar que en el teatro también la muerte opera de una manera significativa. Su clase magistral, entonces, hablaba de lo que queda de un proyecto dramático luego de cumplir sus funciones, de cómo se analizan en este presente esos restos de un pasado que ya parecería no movilizar nada: ni los programas, ni las críticas, ni los videos en formato VHS, que ni siquiera resultan fácil de ver hoy.

En la conferencia, leyó parte de un diario que comenzó a escribir luego de la muerte de García. Lo más interesante del apartado que dio origen a esa presentación es que fue a buscar, en el pasado de ese hombre, una historia poética. A través de amigos, compañeros de él, fue introduciéndose en la creación platense de los años 60 -sumamente intensa, por cierto. Germen creativo de una producción que Quico García desplegó, verdaderamente, con la vuelta de la democracia, a partir de 1984.

Los domingos, a las 18.30, Catani presenta en su teatro de La Plata, La hermandad del Princesa: Patos Hembras , una experiencia que hacía ocho años estaba ensayando y que no podía terminar. Algo inquietante, el trabajo culmina cuando los actores recuerdan la última aparición de Quico entre ellos, un poema de él cierra el espectáculo. Extrañamente, o no, los dos intérpretes (Juan Manuel Unzaga, Germán Retola) y la directora lograron finalizar ese proceso.

"El diario se transformó en algo natural -explica-. Empecé a escribirlo casi inmediatamente que murió Quico. Es muy difícil, cuando uno lleva muchos años conviviendo con alguien, quedarse solo. Uno no sabe qué hacer, dónde está. Lo que más me sostuvo es estar escribiendo, sentir que estaba en un diálogo con él. Sus amigos me fueron acercando materiales. Se fue dando un proceso maravilloso. Me daba mucha alegría descubrir cosas que nunca había hablado con él y, a la vez, mucha tristeza. Fue como recuperarlo y eso me hizo muy bien."

Ocho años manteniendo un proyecto como Patos Hembras, es muy fuerte. ¿Nunca pensaste en abandonarlo?

En realidad es un texto que escribí a comienzos de 2000. Muy literario, que me gustaba mucho. No tenía ninguna posibilidad teatral. Un criadero, unas mujeres que se quedaban a cargo de empollar los huevos de unos patos porque se había producido una matanza general de las hembras de la especie. Las imágenes eran muy fuertes. En algún momento tuve necesidad de pasarlo al teatro y ahí empezaron las dificultades. ¿Qué hacer?

El proceso comenzó con diez actores, pero al cabo de los años muchos fueron partiendo y sólo quedaron dos. "Yo iba tomando otros proyectos y Patos no nos abandonaba. Para mi terminó siendo, en esta resistencia de no dejarlo, como una obra que habla de la imposibilidad. Este trabajo es como nuestra vida. Siempre nos ha acompañado. Es un proyecto que revela mucho el tiempo en nuestras vidas".

El tiempo en tus espectáculos se fue transformando en algo importante. En Insomnio (estrenado en el Teatro Argentino de La Plata), por ejemplo, la función duraba toda la noche.

El tiempo me interesa mucho. Me parece que a todos. Termina siendo lo más determinante en la vida. Termina acercándonos a la conclusión, a la muerte. Es interesante, también, la idea de la percepción del tiempo. El teatro es tiempo. Gente que se junta para compartir un tiempo determinado. Y allí aparecen las subjetividades de como ese tiempo es tomado: la intensidad o no. La morosidad que puede tener el devenir. Es algo esencial que, en determinada etapa de la vida, uno empieza a ver, a entender. Por eso, en Insomnio , estaba la idea de poner el tiempo adelante. Me gustaba la idea de pasar toda la noche haciendo teatro: tanto para los actores como para los espectadores. El teatro como experiencia para compartir, pero, también, ver como el espectador se iba modificando, no sólo con lo que sucedía en la escena, sino por su cansancio, a veces agotador, a veces no. Siempre me ha interesado proponer largas duraciones en el teatro.

La protagonista de Patos Hembras es una mujer (Avesota), de una fortaleza notable, que hasta modifica a otras mujeres y hace que los hombres se dobleguen ante ella. El mundo Catani parecería, a veces, tener unos límites muy inquietantes y de una carnalidad extrema y entrañable, a la vez. Hasta encuentra en la muerte de su pareja la belleza necesaria para transformarse y transformarnos. Es magnífico su derrotero. A partir de sus investigaciones sobre la década del 60 platense, quiere detenerse ahí. "Es el punto pujante de la ciudad. Después, con la dictadura, todo se planchó. Nada de lo que se armó luego tuvo la misma vitalidad. Hoy todo se diluye, se pierde. Me gusta esa época, es para repensarla". Es su herencia. Hace un par de días la Universidad de Buenos Aires le otorgó el Premio Teatro del Mundo, en el rubro Mejor adaptación, a la pareja Catani-García por el espectáculo Si es amor de verdad me dirás cuánto entonces (versión de Antonio y Cleopatra , de William Shakespeare), estrenada en el Rojas.

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