viernes, 21 de diciembre de 2012

2013 en el Teatro Colón: lírica de alto nivel


Jueves 20 de diciembre de 2012 | Publicado en edición impresa

Clásica

Por Pola Suárez Urtubey | LA NACION


De mediados de abril a diciembre, el Colón nos promete para 2013 una temporada de ocho títulos líricos y una obra de superior jerarquía sinfónico-coral, como lo es el Ré quiem de guerra de Britten. En su esencial soporte teatral, habrá creaciones fundamentales, como Carmen , Las bodas de Fígaro o Un ballo in maschera , al lado de tres novedades para nuestro escenario, tal el caso de Aleko y Francesca da Rimini , ambas de Rachmaninov, o Bebe Dom y la Ciudad Planeta, de Mario Perusso. Por fin con La mujer sin sombra y Otello , el Colón se medirá con dos cumbres que empalidecen al Himalaya. O, digamos para estar más de moda, al Uritorco. Veámoslas más de cerca.

Varias circunstancias perturban a los historiadores. Los hechos concretos indican que Bizet estaba realmente enfermo; con todo, serios desencuentros sentimentales habrían apresurado el desenlace. Pero además estaba la horrible cábala desencadenada en contra de su reciente trabajo. Es que esta Carmen de Prosper Mérimée, un verdadero "diablo", salvajemente animal, heredera en su gitanería de ancestrales prácticas ocultistas, no podía sino despertar la repulsa de los habituales espectadores de entonces. Lo que encarna la gitana de Mérimée es la ruptura del orden social, y el desafío de Bizet, al sellar su pacto diabólico con esta criatura amoral, parece haber signado el resto de sus días.

Un análisis del personaje de Carmen trazado por el novelista francés en 1845 la muestra bajo una luz demoníaca, mitad gitana, mitad andaluza, sensual, sacrílega y feroz. Libérrima para vivir y para morir, los libretistas debieron suavizar el tema ofreciendo un personaje más "civilizado", apto para el público de la Opéra-Comique.

El prestigio intelectual de Nietszche hizo que sus opiniones sobre la Carmen de Bizet corrieran mundo y prendieran en la opinión de muchas generaciones. Para el filósofo alemán, adorador y luego denigrador del genio de Wagner, la ópera de Bizet es la contrapartida del estilo wagneriano. Como nuevo Mercurio, tiene pies ligeros. "El bien es ligero, todo lo que es divino corre con pies delicados". Sin embargo, profundiza asimismo en el signo trágico que la recorre. Es el amor como Fatum, como fatalidad, amor cínico, inocente y cruel, el que inmortaliza Bizet, quien logra dar, en el último grito de Don José con el que se cierra la ópera, "una formulación terrible de la esencia del amor". La incorporación de Carmen en la galería de personajes líricos inicia sin duda una era. Con ella se introduce una nueva moral próxima a la ética existencialista. Por eso, cuando el admirable escritor y musicólogo italiano Massimo Mila señala la "fatalística decisión de Carmen de hacer cuentas únicamente con el destino, más allá de los hombres, de sus leyes y de su moral" está ubicando al personaje en la aurora del arte contemporáneo.

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