miércoles, 3 de octubre de 2012

Danza y tecnología, un sello de este CoCoa


Miércoles 03 de octubre de 2012 | Publicado en edición impresa

Final

El festival independiente logró duplicar el público de su última edición

Por Laura Chertkoff  | LA NACION

Miles de pieles, la imagen proyectada es otra intérprete.

El domingo pasado se realizaron las últimas funciones del Festival de Coreógrafos Contemporáneos Asociados y Afines-Danza Teatro Independiente (CoCoa-Datei). En esta tercera edición, se presentaron veintisiete obras, distribuidas en siete sedes diferentes. "En algunas piezas que incluían otros lenguajes, vimos que se sumaron públicos que no son habitués de la danza. Fue el caso de Debana, del Grupo La Percha, de Rosario, con un lenguaje más teatral, o Cuerpo extranjero, de Inés Armas, que incorporó los títeres", señala la coreógrafa Carla Berdichevsky como parte del equipo de gestión y producción del festival.

El lenguaje que más fuertemente se va entrelazando con la danza contemporánea es el audiovisual. Este año incorporaron una sección de videodanza a la que piensan seguir apostando en la próxima edición. Pero además un tercio de las obras presentadas incluyeron algún tipo de video o presentación multimedia con la que los bailarines interactuaban en escena.

En algunos casos, las imágenes, producidas previamente, actuaban como un intérprete más del movimiento. Éste es el caso de Miles de pieles (foto), de la propia Carla Berdichevsky, o de Mirarse a los ojos, de Geisha Fontaine, de Francia.

Pero también hubo otras búsquedas más interactivas, en las que las acciones producidas en escenario generaban nuevas imágenes en vivo. En Mi última foto, Esthel Vogrig, de México, además de interpretar el movimiento, programó una computadora para que le sacara fotos instantáneas y las proyectara en una pantalla. Los pasos se volvían disparadores de las imágenes y de los nuevos movimientos.

En Kigo, la orilla del laberinto, de Romina Robles, los movimientos provenientes de las artes marciales se mezclaban con la danza y con la proyección de espacios lumínicos de dos dimensiones sobre los que los intérpretes se movían, disparando señales infrarrojas a un dispositivo que modificaba, nuevamente, ese espacio de luz en el cual se desarrollaban las acciones.

También hubo interacción entre ciudades, ya que el elenco de Intersubjetividad en escena simultanea, de Liliana Tasso, se conectó entre Buenos Aires y Barcelona gracias a un sistema de videollamada por Internet, convirtiendo así dos escenarios tan distantes en uno solo.

A lo largo de todo el encuentro, el concepto de interacción también fue más allá del escenario. Se crearon espacios de formación de espectadores para que el público pudiese dialogar con los intérpretes y coreógrafos. "En todas las funciones en las que había charla posterior, el público se quedó y participó activamente", siguió Berdichevsky.

Así las cosas, fue una instancia muy productiva para todos los participantes: surgieron encuentros entre algunos coreógrafos y quienes hacen videodanza. Y algunos proyectos de producción conjunta entre directores que compartieron salas.

"Este año tuvimos cerca de 1500 espectadores, el doble de los que participaron del encuentro del año pasado. Y cumplimos nuestro objetivo de mostrar la diversidad de la danza contemporánea actual", concluyó la coreógrafa.

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