domingo, 12 de agosto de 2012

Cora Ceppi: “Ser actriz es morir de amor y seguir viviendo”

Domingo | 12.08.2012 | Publicado en Edición Impresa: Séptimo Día

Cora Ceppi: actriz, directora, docente teatral. Actuó en 15 obras y dirigió otras 13. Fue funcionaria de Cultura en el área teatro. La Universidad de Massachutes la convocó para dirigir y actuar en la obra “Nuestra Señora de las Nubes”, del dramaturgo argentino Arístides Vargas

Por Luis Pazos


A los 4 años Cora Ceppi decidió ser actriz. Por lo tanto, bailaba frente al espejo del placard. Eso sí, no con una música cualquiera. Su madre, Potota, escuchaba música clásica desde las 9 de la mañana hasta la hora de acostarse. Pero además, al ver el entusiasmo de su hija la mandó a estudiar danzas clásicas y baile español. Por supuesto, su padre, Roberto, no se podía quedar atrás. Así que a la noche escuchaban juntos teatro por radio. El resultado de este entrenamiento intensivo son, por ahora, las 28 obras en las que Cora actuó o dirigió. Y desde ya, su dedicación full-time como docente teatral.

- Después de toda una vida dedicada al teatro ¿podés definir qué es?

- Sí. El teatro es una pasión sin límite. El que se sube a un escenario para convertirse en actor o actriz debe estar dispuesto a ser esclavo del más exigente de los amantes. El teatro demanda todo tu tiempo, toda tu energía y toda tu capacidad intelectual. Lo cual no es garantía de nada. Pero es el riesgo que hay que correr. No hay un camino alternativo.

-La pasión, todas las pasiones en realidad, tarde o temprano tienen un precio...

-Ya creo que lo tienen. Yo me casé a los 22 años. Como toda novia me dije que era para siempre. Me equivoqué. Durante nuestra vida en común mi marido y yo crecimos juntos. Pero no en la misma dirección. El logró lo que buscaba: una buena posición económica. Y yo logré lo mío: ser actriz y directora. Si algo me enseñó el teatro fue a leer en los ojos de las personas. Porque es cierto que son las ventanas del alma. Un día le pedí que me mirara a los ojos mientras me hablaba. No pudo hacerlo. De alguna manera, fue el principio del fin. Ese día tan desdichado fue la primera cuenta que me pasó mi pasión. Y no fue la más cruel. Porque hubo otras.

-Entre las 28 obras en las que actuaste y dirigiste ¿cuál es la que considerás la mejor? Si es que hay alguna, claro.

-La crítica y el público lo decidieron por mí. Sin lugar a dudas, la favorita de todos es “Venecia”, obra en la que actué y dirigí al mismo tiempo. Los críticos me otorgaron el Premio Pepino el 88. La gente aún hoy me pregunta cómo logré a los 30 años convencerlos absolutamente de que era una mujer de 60.

-¿Cómo lo conseguiste? Al menos que sea un secreto profesional...

-Yo jamás me guardo nada de lo que aprendí a través de toda una vida sobre los escenarios. Con mis alumnos me doy vuelta como una media. Lo que yo aprendí, ellos lo están aprendiendo. En su momento mis maestros hicieron lo mismo conmigo. A la hora de enseñarme, Francisco Javier, Juan Gené, Augusto Fernández y Norman Briski, me enseñaron todo lo que sabían. Es algo que les agradeceré siempre. Pero volviendo a tu pregunta...

- Cómo te convertiste en una mujer de 60...

-Fue posible porque ya sabía lo que hay que saber: para un actor o una actriz el cuerpo es su único instrumento. El personaje no es lo que el actor piensa, siente o imagina. El personaje es lo que hace con su cuerpo en un espacio y tiempo determinados. Es más, la palabra debe ser parte del cuerpo. Porque en definitiva, dentro y fuera del escenario, es el cuerpo el que ríe, llora, sufre o goza. Cuando se habla de los políticos o funcionarios es común oír decir que fulano “tiene la piel gruesa” o que “no le entran las balas”. El actor es exactamente lo contrario. Todo le llega: lo bueno y lo malo. Y debe aprender a vivir con esa sensibilidad.

-Uno de los datos menos difundidos de tu trayectoria es tu estadía de dos meses en el Smith College de Massachutes, donde fuiste convocada para dirigir “Nuestra Señora de las Nubes” del dramaturgo argentino Arístides Vargas y dictar un Taller.

-Fue una experiencia inolvidable por un montón de motivos. Fundada en 1870, la de Massachutes es una de las diez Universidades más importantes de los Estados Unidos. Además, el College tiene una característica muy especial: solo se admiten mujeres, que llegan del mundo entero. Por lo general todas las estudiantes cursan dos carreras al mismo tiempo: un idioma y su carrera específica. Yo tuve como público a las profesoras y a las estudiantes de español.

-¿Por qué la obra de Vargas y no la de un autor más conocido? Teniendo en cuenta que de Shakespeare a Pirandello, pasando por Edward Albee y George Buchner, dominás el lenguaje de todos.

-El tema de “Nuestra Señora de las Nubes”, es profundamente latinoamericano: el exilio. Sobre todo teniendo en cuenta que el autor es un exiliado. En su obra los personajes son un hombre y una mujer desconocidos entre sí, que eligieron exiliarse en los Estados Unidos para sobrevivir. Viven en la calle como dos vagabundos. El paso del tiempo hace que vayan perdiendo su identidad. A tal punto que un día se encuentran y no se reconocen. El olvido ganó la partida. Para ellos no hay lugar en el mundo. Bruna y Oscar ya no son.

-¿Cómo reaccionó el público?

-Lloraron.

-Entre 1998 y 2003 fuiste Coordinadora General de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad, directora Técnica y Directora Artística de la Comedia. ¿Cómo fue una experiencia tan distinta a la de actriz y directora de teatro?

-Frustrante. Es lo menos que puedo decir. Asumí preparada para enfrentar las dificultades que ya sabía iban a surgir. Pero nunca creí que iban a ser tantas y tan imposibles de solucionar. El primer problema fue la falta de presupuesto. No me extrañó porque desde siempre los actores y actrices de la Provincia vienen haciendo todo a pulmón. Para lo que no estaba preparada fue que para montar una obra de dos actores se necesitaban, por convenio, la participación de 20 técnicos.

-Con lo cual el presupuesto se iba a las nubes...

- Exacto. Lo segundo es que a ningún alto funcionario le interesaba, realmente, la cultura. La Secretaría era nada más que un trampolín para ocupar un cargo político. Lo tercero fue un problema ideológico, si se quiere. Mientras algunos querían recorrer la Provincia montando el sainete “Juan Moreira” porque era nacional y popular, yo proponía montar “Esperando a Godot” de Samuel Becket, un clásico del teatro contemporáneo. Les expliqué hasta el cansancio que esa obra marcaba un antes y un después en la historia del teatro moderno. Pero no hubo caso. Si a eso se agrega la pelea por los cargos y la mediocridad de los que tomaban las decisiones, está todo dicho.

-Como Maestra de futuros actores ¿qué le exigís a tus alumnos?

-Que se comprometan. En cuerpo y alma. No pueden faltar, ni llegar tarde, ni venir con excusas. Si se tienen que romper en pedazos para poder expresarse, que se rompan. Quiero que griten de rabia y lloren de pena, que tiemblen de miedo y que miren fijo a la muerte. Yo soy mucho más que su profesora de actuación. Soy su partera.

-Hablando de futuros actores y actrices ¿cuál es la situación actual del teatro platense?.

-Yo diría que no es la mejor. Hay, desde ya, un teatro platense. Pero no tiene el nivel que debería tener. Digamos que está en una meseta. No hay nada que sobresalga, nada que asombre como lo hicieron en su momento las puestas de Kico García, director de la maravillosa “Maluco”. Su muerte, a punto de estrenar una nueva obra, es una pérdida irreparable. Francamente, no me parece un acierto la puesta permanente de géneros superados, como los sainetes y grotescos. Pero hay voluntad, que es una de las formas de la pasión. Por lo tanto, hay esperanza.

-En los últimos años surgió en el mundo de la cultura la figura del “intelectual-militante”. ¿Tenés una opinión sobre el tema?

-Sí. Es un suicidio. El intelectual puede perderlo todo, menos su capacidad de cuestionar y disentir. Renunciar a su libertad es firmar su acta de defunción. Más temprano que tarde la obediencia ciega lo obliga a traicionar su conciencia. Y de esa traición no se vuelve.

-Hay una frase tuya que está diciendo algo importante de tu vida. La que asegura que hubo otras pasiones que de alguna manera te marcaron.

-Divorciada, madre de tres hijos, entregada de lleno al teatro, surgió lo imprevisible: me enamoré. El amor es así. Nunca se anuncia. Llega cuando quiere y hace con los amantes lo que se le da la gana. El era actor y durante seis años vivimos una verdadera locura de amor. Nunca imaginé, en ese tiempo, vivir sin él. Pero sucedió. Un día se fue de mi vida y del país: se instaló en Francia. Y yo caí en un pozo oscuro y sin fondo. Durante ocho meses estuve tirada en la cama viendo como me convertía en un vegetal. Mis hijos no podían comprenderlo. Y es lógico. Cuando te rompen el corazón solo el que sangra sabe cuánto le duele. Hasta que un día resucité. Medicada, pero viva, volví a un escenario. Una pasión venció a la otra. Ese día aprendí que para ser actriz hay que morir de amor y seguir viviendo.

Fuente: http://www.eldia.com.ar/edis/20120812/ser-actriz-es-morir-amor-seguir-viviendo-septimodia0.htm

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