sábado, 14 de julio de 2012

Teatro para el living de una casa

Juan Manuel Mannarino, el creador del ciclo Teatro Íntimo, que todos los meses se realiza en espacios no convencionales de La Plata, explica cuál es el encanto de esta modalidad de trabajo y, de paso, define mecanismos para que hogares vuelvan a ser un lugar abierto al encuentro.

Por Carolina Sánchez Iturbe
Fotografía de Diego Chapay


La Plata, julio 13 (Agencia NAN-2012).- Todos los meses, alguna casa de La Plata cambia. Haciéndole frente a la privacidad (cada vez más privada) que los días de la inseguridad televisada imponen, una casa cambia una vez por mes. Las puertas se abren a perfectos intrusos dispuestos a tomarla y, en contra de cualquier pesadilla cortazariana, la llave nunca termina siendo tirada por una alcantarilla. Los desconocidos planean escenas, las montan sobre las habitaciones, baños y patios y, valiéndose de los olores y las características cotidianas de cualquier hogar, dan rienda suelta a una serie de narraciones teatrales de las que actores, directores y espectadores forman parte. Una nueva edición del ciclo Teatro Íntimo está en marcha y la casa, entonces, celebra volver a ser espacio de reunión.

A vuelo de pájaro, Teatro Íntimo es un ciclo teatral que se lleva a cabo en espacios no convencionales, preferentemente en casas prestadas, de la capital de la provincia de Buenos Aires. Comandado por Juan Manuel Mannarino, un periodista, docente, actor y director interesado en abrir espacios de producción y reflexión en torno al lenguaje teatral, Teatro Íntimo está en marcha desde diciembre de 2011 y ya tiene nueve ediciones (y la participación de más de 30 artistas) en su haber.

La idea de Teatro Íntimo vino a completar el camino que Mannarino venía construyendo como director. Así, Juan Manuel jura que le “picó el bicho” luego de dirigir Contrapartida en un club de barrio platense y de pasear la obra por clubes de billar porteños. Consciente de la poca cantidad de salas que hay en proporción con el número de gente que hace teatro en la ciudad y convencido de las posibilidades que brinda la actividad teatral desarrollada en espacios no convencionales, se abalanzó a la creación de una propuesta que, por su frecuencia cíclica, asegurara el espacio de producción.

En cada uno de los encuentros realizados, que coparon casas, restaurantes y hostels dado el carácter itinerante del ciclo, Teatro Íntimo desarrolló una particularidad: acortar la distancia que separa al espectador de la escena teatral hasta casi hacerlo miembro activo. “Es buenísimo cómo se le saca el jugo a la potencia dramática y escénica que tiene un texto puesto en una proximidad tan evidente con el público, teniendo al público tan inmediato. Es otro tipo de actuación, ni mejor ni peor que la que uno ve en los espacios convencionales, distinta porque la cercanía genera otro desafío”, dice Mannarino entusiasmado y dispuesto a describir cómo en este tiempo se sucedieron escenas teatrales en apretujados baños, junto a la parrilla de un patio o en un confortable living hogareño. Luego, redondea: “Esa cercanía es como la radicalidad de la actuación. Es ese cuerpo, es esa expresión que compone un tejido ficcional y el público es parte de la historia. Nuestro desafío es poder contar algo desde el teatro, complejizando lo humano a través de historias en tiempo real, y que el público tenga un impacto con eso, que le pase algo, que esté ahí, inmiscuido”.

Otra de las características distintivas de Teatro Íntimo es que en cada una de sus ediciones presenta varias puestas teatrales --muchas veces realizadas por distintos directores-- que se complementan entre sí, creando una especie de recorrido por la vivienda que ha sido tomada para la ocasión y, en definitiva, abriéndose a un gran relato construido entre artistas que, tranquilamente, pueden responder a estéticas y estilos diferentes. “El público va rotando por el lugar y, en verdad, no sabe qué va a pasar, sólo tiene la dirección de una casa. Toca un timbre y ya es toda una situación nueva, en la que no está establecido dónde empezar ni dónde terminar. Así, a medida que el espectador se va metiendo en la casa, se va sumergiendo en estas historias. Eso está bueno porque genera una actividad y que el punto de vista se atomice”, explica al respecto Mannarino para luego relatar como el factor sorpresa no alcanza sólo a los concurrentes sino que también se presenta entre los actores porque, “por más que esté todo ensayado, siempre pasa algo que no se esperaba: Un perro o un gato que anda dando vueltas, un vecino que se para en la puerta a mirar, lo que sea”.

Más allá de los buenos frutos que está dejando la experiencia de Teatro Íntimo para los artistas y el público, Mannarino asegura que los logros son mayores: “Al principio, yo tenía miedo de que se nos terminen los lugares. Pensaba: ¿quién va a dar su casa para que nosotros vayamos y la usemos? Sin embargo, cada vez hay más espectadores que no son del ámbito teatral y que prestan su propia casa. Eso va en contra del paradigma de la inseguridad que dice que uno tiene que estar con miedo, encerrado. Ahora, de repente un tipo abre su casa y le caen treinta o cuarenta personas que no conoce”.

El dato de las casas de puertas abiertas arranca una sonrisa. Y aunque la toma no sea por la fuerza y reine el común acuerdo, resulta inusual que la pesadilla de Cortázar no se cumpla. Pero Juan Manuel sabe que nada es casual. “El proyecto no es solamente artístico, tiene una dimensión cultural”, dice convencido y pronto ensaya una explicación para los cerrojos abiertos: “Si bien esto es teatro y contamos historias a partir del teatro, se arma todo un ruido que, en definitiva, lo que propicia es el encuentro entre las personas”.


Fuente: http://agencianan.blogspot.com.ar/2012/07/teatro-para-el-living-de-una-casa.html

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