domingo, 15 de julio de 2012

“Nunca está completa la ilusión de un actor”

Domingo | 15.07.2012 | Publicado en Edición Impresa: Séptimo Día

Lito Cruz, una vigencia de más de cinco décadas en el teatro. Una carrera exigente y exitosa que empezó en Berisso. Su amistad con De Niro y el proyecto de la calle Nueva York de la ciudad de Berisso


Por MARCELO ORTALE

“Como actor, yo le debo aún una gran cantidad de sutilezas a la gente”, dice Lito Cruz, que a los 71 años conserva la pujanza del que trabaja en lo que ama. Su rostro es el de una máscara que lo hace parecerse a todos, al prócer, al villano, al malevo, al caudillo, al abogado, al compadrito, a todos los que representó y sigue personificando en una carrera que pareciera no tener techo ni fin a la vista, porque todo es movimiento en él. Lito Cruz integra como pocos más la colección más rica del teatro viviente de la Argentina.

“Soy pesimista por naturaleza y optimista por entrenamiento”, dice este hombre que maneja las palabras como escenas cambiantes, siempre novedosas. Hace varias décadas que vive domiciliado en las esquinas más porteñas, pero la tierra natal -la que todos le conocen- sigue custodiada y latente en su corazón.

Nació, por supuesto, en Berisso. Convivió con las estampas del bar portuario de su padre en la calle Nueva York -”un bar que todavía está igual desde hace más de cien años”- donde recalaban marinos e inmigrantes que venían de las guerras y la miseria de países remotos. Allí trabajó de mozo entre parroquianos teatrales, también trabajadores de los frigoríficos cercanos, gente que llegaba del anarquismo, del marxismo y del socialismo, laboristas que acunaban el peronismo del 45. Allí conoció a Federico Luppi, lo atendió como mozo y Luppi le contó que era actor y que le gustaba algo que se llamaba teatro independiente y Lito Cruz sintió que el teatro había entrado en él para siempre. Con Luppi comenzó a trabajar, a comprender hasta dónde podía llegar el teatro cuando llegaba al espectador.

Años después, en 1961 se traslada a Buenos Aires, donde estudia arquitectura y a la vez teatro, para iniciar sus primeros trabajos profesionales en los escenarios. En 1965 viajó a Chile para perfeccionar sus estudios en lo que él considera la mejor escuela de formación teatral de América latina (Instituto de Teatro Universitario de Chile) y tres años después regresó a la Argentina para profundizar su carrera como actor.

Desde hace treinta años vive en Santa Fe y Ayacucho. Antes había vivido dos décadas en Cangallo (hoy Presidente Perón) y Rodríguez Peña. Viudo de un matrimonio de 45 años, con dos hijas y cuatro nietos, se siente frente a la vida como alguien que va cumpliendo con su deber.

Pero no está conforme con lo que hizo. Siempre siente que algo falta: “si estuviera conforme con lo realizado, ya habría terminado todo y sólo faltaría tomar algo de arsénico...”

La entrevista es interrumpida por un celular que, a cada instante, marca la vigencia de un hombre polifuncional. Lito Cruz es uno y varios al mismo tiempo: funcionario público, actor de varias artes simultáneas (teatro, TV), director, profesor. En el primero de esos rubros actualmente es director del Consejo Provincial de Teatro Independiente. En 1995 asumió como Director Nacional de Teatro, dependencia de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación. A fines de los 90, fue Director del Instituto Nacional del Teatro, Director del Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata y del Teatro de la Ribera.

Sabe -y así lo ha vivido- que el teatro ha sido resistencia frente a la opresión, que cumple desde luego un decisivo y enorme rol cultural, que ha servido para integrar en forma activa a personas que cumplen condenas en cárceles y a los que tienen capacidades diferentes. En su larga trayectoria de casi seis décadas en las tablas, nada de lo humano le ha sido ajeno al teatro que vivió Lito Cruz.

¿Qué está haciendo ahora?

“Estoy grabando todo el tiempo para la serie televisiva Pol-ka y trabajo en la obra de teatro “Hombre mirando al Sudeste”. Esta última empezó a ofrecerse en La Plata y seguirá de gira por el Gran Buenos Aires para terminar en agosto en una sala de la ciudad de Buenos Aires”.

¿Dónde aprendió más?

“En Chile. Allí estaba la mejor escuela de teatro de América. Estudié con Víctor Jara, con Guzmán, con los mejores. El trabajo en aquella escuela era muy sólido. Pero también valoro mis estudios con Augusto Fernández en Buenos Aires, con quien fundamos el Equipo de Teatro Experimental. Con Fernández dominé nuevas técnicas.

Pero también usted estudió en la escuela de Lee Strasberg...

“Sí, fue a mediados de los 70. Yo dirigía entonces una obra de teatro que hacíamos con Carlos Moreno y Héctor Bidonde. La embajada de Estados Unidos me premió con una beca para estudiar un mes en ese país y quise estudiar con Lee Strasberg. El me llevó entonces al Actor Studio y tomé contacto con Ana Strasberg. Fue todo muy trascendente para mí y tiempo después transmití a jóvenes actores lo que aprendí con ella. Ellos estaban influenciados por Stanislavski y de allí salieron actores increíbles, como Marlon Brando, Paul Newman o James Dean.

¿Cuándo conoció a Robert De Niro?

A De Niro no lo conocí allá, sino cuando vino a la Argentina a hacer una publicidad sobre la vida del boxeador que representó en “Toro Salvaje”. Yo lo admiraba siempre por la capacidad de invisibilidad actoral que tiene, es decir, de desaparecer él y dejarse tomar por el texto y el personaje. El se interesó mucho por eso que le dije a través de una carta y vino a mi estudio de teatro y se mostró generoso, habló para los alumnos. Después nos vimos algunas veces más”.

¿El actor joven argentino se encuentra ahora mejor contenido que antes o peor?

“Está mucho mejor contenido. Yo digo que está contenido por el sistema de actuaciones y porque tiene muchas referencias, más facilidades. Los hay muy buenos, como Sbaraglia, Pablito Echarri, Fabián Vena, Vanessa González, Diego Peretti, la Cardinale.

Cuando el actor representa a un personaje ¿cuánto tarda en asumirlo o en dejarlo, una vez que terminó la función?

“No creo que un actor asuma totalmente el personaje, como se dice habitualmente. En todo caso se trata de perfeccionar una idoneidad, una técnica. Además es el texto el que debe tomarlo. Pero los personajes te toman y te dejan también de acuerdo a los estados de ánimo del actor, que no son siempre los mismos, que son variables. Nadie encarna completamente a un personaje”.

¿Qué se debe usted a sí mismo?

“En lo artístico me debo Discépolo, Moliere, Shakespeare. Claro, nunca está completa la ilusión de un actor”.

¿Qué le debe usted a la sociedad?

“Le debo cada vez más. Yo digo que en la vida uno va de las cosas gruesas a las sutiles. Entonces en mis actuaciones yo le debo una gran cantidad de sutilezas a la gente. Siempre le debo el próximo paso a la gente. A la sociedad le debo agradecimiento”.

¿A usted se le debe algo?

“No, nada”.

¿Está conforme con lo que hizo a lo largo de su vida?

“No, no. La naturaleza es seguir. El que se queda quieto es porque no quiere nada más. Mire, alguna vez dije que nunca creí en nada. Ni en Dios, ni en el diablo ni en mí. Yo manejo mi vida con hipótesis, que son las únicas que lo hacen avanzar a uno. El organismo humano está para avanzar. Me preocupa que se use a Dios con un sentido de quietud, de esperar, de no hacer nada. Si creo en Dios, me quedo quieto. Yo digo que Hitler y la Iglesia proponen que el ser humano se detenga. Mi propuesta es buscar a Dios, en todo caso, porque eso es activarse uno mismo. Yo les diría a los sacerdotes, usen el sexo y van a ver que Dios existe...”

¿Cómo va su proyecto de poner en valor a la calle Nueva York de Berisso?

“Va algo despacio, pero va bien. Están arregladas las veredas, la escuela también está arreglada. Habría que trabajar más en los conventillos, algunos tienen goteras. La idea es abrir los restaurantes de todas las colectividades y trabajar mucho con las embajadas respectivas. La Municipalidad ayuda un poquito, pero no puede hacer más de lo que hace. La finalidad es devolverle a Berisso una calle que le dio historia a la ciudad”.

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La alegría familiar danza en torno a Lito Cruz de la mano de sus hijas Alejandra y Micaela y de sus cuatro nietos. La primera, casada con Nicola Gagliarducci, es madre de Santino Cruz, Rocco Vicenzo y Angelo Luca; la segunda, de Dante Cruz. En el departamento de Ayacucho y Santa Fe perduran los cuadros que pintó quien fuera esposa de Lito, la peruana Nilda China Gutiérrez: “Era una pintora extraordinaria y una gran restauradora. Nunca quiso exponer, porque decía que pintaba para ella”, recuerda el actor que vivió con su mujer un romance de 43 años. Pero el futuro llama, los nietos ayudan a mirar el porvenir.

Fuente: http://www.eldia.com.ar/edis/20120715/nunca-esta-completa-ilusion-actor-septimodia0.htm

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