martes, 19 de junio de 2012

El don de la contemplación permanente

A los 105 años falleció Horacio Coppola, el hombre que cámara en mano cambió la historia de la fotografía argentina y en su reportaje más reconocido reflejó a Buenos Aires y sus personajes como sólo un visionario puede hacerlo.

18.06.2012 | 17.14


Cualquiera pensaría que a los 105 uno puede jactarse de haberlo visto todo, sin embargo el hombre que retrató casi todo el siglo XX y supo tener la visión de apropiarse las vanguardias europeas para cambiar la historia de la fotografía argentina, aún a su edad seguía viendo el mundo que lo rodeaba como si fuera la primera vez.

Si bien hacía un tiempo que estaba retirado, cuentan quienes tenían el placer de visitarlo en su departamento de Esmeralda, que en los últimos tiempos incluso contemplaba su propio trabajo con la misma agudeza que supo guiarlo en el incansable peregrinaje por las calles de Buenos Aires.

Horacio Coppola fue el menor de seis hermanos en una familia de origen genovés que gozaba de un muy buen pasar gracias a una fábrica de máquinas a vapor. Aunque descubrió a temprana edad su vocación, tuvo un paso fugaz por la Facultad de Derecho para confirmar que lo suyo era “registrar el espectáculo" que se desplegaba a su alrededor.

Dos viajes a Europa fueron fundamentales en la formación de su mirada, el primero a fines de 1930 donde compró la Leica que estrenaría recién en Brasil en la travesía de vuelta y el segundo dos años después en el que llegó a inscribirse en la Escuela de Bauhaus experiencia que no sólo cambiaría el curso de su fotografía sino de la historia del lenguaje en la argentina. Además, en esta vuelta conoció figuras como Walter Peterhans además de su primera esposa, la fotógrafa alemana Grete Stern quien lo contactó con a Hans Eisler, Karl Korsch y Bertolt Brecht. Durante el viaje disparó cientos de fotos en Londres, Budapest, Berlín, capturando los climas y ambientes de cada una de las ciudades. Un trabajo revelador sobre la transformación mundial que, sin embargo, recién fueron exhibidas por primera vez en el 2009.

Copporla fue uno de los auténticos genios del arte argentino en el siglo XX porque supo abrir las puertas del arte vanguardista para la experimentación visual pero sobre todas las cosas porque estuvo a la altura de sus tiempos incorporando los avances tecnológicos como parte de la reflexión de su obra. En los años ´30 y ´40 se dedicó de lleno a retratar a la ciudad Buenos Aires con su Leica, fotografiándola de noche y de día en paseos con Jorge Romero Brest, Leopoldo Marechal y Jorge Luis Borges. Algunas de estas imágenes inspirarían su más célebre reportaje que conjugaba una visión estrictamente fotográfica y espontánea de la ciudad al mismo tiempo que capturaba las particularidades de la época. Pero siempre desde una mirada que resultaba innovadora por los puntos de vista que le brindaban la exploración de las cámaras de formato pequeño.

"Caminar por Buenos Aires era una forma de conversar y una manera de cultivar la amistad –confesó Coppola en una de sus últimas entrevistas–. Veíamos la ciudad como un paisaje escurridizo en el que había que estar atento a sus personajes, a los objetos fortuitos en los que si uno sabe mirar encuentra mil formas insólitas. Mi primera aventura fue descubrir las perspectivas geométricas, las simetrías y sombras que dibujaban las siluetas negras de hombres de espaldas, aferrados a sus periódicos sin que se les moviera el sombrero. La Leica siempre lista, colgada al cuello. Cuando bajaba el sol, tomábamos la calle Corrientes a la altura de Once y llegábamos hasta Chacarita unas cuantas horas después."

El punto decisivo de su carrera fue el encargo de la municipalidad porteña junto al arquitecto Alberto Prebisch y el poeta Ignacio Anzoátegui para el libro Buenos Aires 1936: visión fotográfica. Gracias a su obra hoy en día podemos reconstruir los rincones más escondidos de Buenos Aires como su cara más popular, el obelisco capturado en fotos y un cortometraje de 1936. Pero sobre todo en su obra se puede ver la consagración mítica de una ciudad que ya no existe, que sólo está viva en su mirada. Coppola supo decir "He vivido en un estado de permanente contemplación; esa es una de las razones de mi existencia y sobre todo, de mi felicidad". Y gracias a su generosa entrega tenemos para siempre la posibilidad de remontarnos a una ciudad soñada.

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