domingo, 22 de abril de 2012

La voz platense que brilla en el mundo

domingo | 22.04.2012 | Publicado en Edición Impresa: Séptimo Día

Paula Almerares, la soprano de nuestra ciudad mimada por la crítica internacional. Hace pocos días Le Monde de París la ensalzó por su actuación en Niza. Una trayectoria profesional de excelencia. “Los cantantes solistas no están reconocidos en nuestro país”

Por MARCELO ORTALE

Paula Almenares

Me encantaría cantar una Traviata en el Estadio Unico. Representar la ópera en el Estadio, sí. Porque estoy segura que se llenaría. Y me parece bien acercar la música clásica al pueblo. Lo cierto es que, además, Traviata es ya tan popular que mucha gente que nunca fue a un teatro la conoce. Cuando nos ponemos a cantar la escena del Brindis el público hace como una exclamación, como un ahhh... de reconocimiento que nos emociona”.

La voz de Paula Almerares suena firme y reflexiva, en la luminosa casa con jardín donde vive, ubicada en el corazón de una manzana, cerca de la plaza Brandsen. Allí reside con su marido Rubén Martínez, que es tenor y director escénico. Cada pieza de esa casa tiene algo de camarín. Hay un piano, hay partituras, hay bocetos de escenario, hay distribuidas tres viejas vitrolas a manivela, hay un atril que funciona como improvisada percha, hay valijas aún cerradas de la cantante que recién llega de Niza, donde obtuvo un éxito resonante cantando el rol de Musetta en La Boheme.

Los críticos de arte de “Le Monde” de París no tienen fama de regalar nada. Esto es parte de lo que escribieron hace pocos días, después del estreno: “En el papel de Musetta, Paula Almerares resulta sorprendente. Además de su potencia vocal brillante, es una gran actriz cuya presencia en el escenario es indiscutible”. Sus valijas recibirán rápidos recambios. Cuando salga esta entrevista, Almerares estará en Río de Janeiro, para presentar en estreno mundial la ópera “Piedade”, de Julio Guilherme Ripper, en el Teatro Municipal de Río de Janeiro.

Después vendrán “Lucia di Lammemoor” en el Teatro del Libertador San Martín en la ciudad de Córdoba; y “El Barbero de Sevilla” en el Teatro El Círculo de Rosario, entre otros grandes títulos que cantará en el Argentino y otros coliseos del mundo.

Impone con naturalidad una presencia consistente y a la vez moderada. Elige con cuidado las palabras y se la nota, por sobre todo, segura y feliz de su condición de cantante, afianzada en una carrera profesional que -a pesar de ser extensa, pues empezó a cantar muy jovencita en los mejores escenarios- no deja de crecer.

Ciudadana ilustre de La Plata , comenzó a estudiar canto en Buenos Aires, con Mirta Garbarini del Teatro Colón, para seguir luego sus estudios con Janine Reiss en Francia. Debutó en la ópera justamente con La Boheme, en el Argentino, en el rol de Musetta. Le siguieron después Carmen, Don Pasquale, Manon - una de sus obras preferidas- Romeo y Julieta, además de diversos conciertos sinfónicocorales.

Llegó al Colón en 1993 con los Cuentos de Hoffman, nada menos que junto al tenor español Alfredo Kraus. La actuación le valió el premio de Mejor Cantante Argentina. Después seguirían en el mismo teatro La Boheme (Musetta) junto a la italiana Mirella Freni; Romeo y Julieta; Don Pasquale; Falstaff junto al maestro Renato Brusson; Manón de Massenet. Ganó concursos internacionales en Viena, actuó en los Estados Unidos.

Ese año cantó junto al tenor Plácido Domingo, en la reinauguración del Teatro Avenida y luego en el Estadio Centenario de Montevideo. Plácido Domingo la invitó después a cantar L’Elisir d’amore en Washington. Debutó en Europa y cantó en el Teatro La Fenice, de Venecia. Volvió a Estados Unidos e interpretó una veintena de óperas, avanzando en una carrera poblada de aplausos y distinciones. ¿Se debe seguir? Cantó en Grecia, en Torino, Nápoles, Verona, Marsella, Palermo, Washington, Pittsburg, Roma, Cagliari, México.

Fue dirigida por Zubin Metha, Rudel, Wilson, Maazel, Oren, Merrimer, Simone, Gandolfi, Carella, Arena, Santi, Govaninetti, Perusso, Censabella. “Pero los mejores aplausos son los del Argentino” dice esta cantante, mimada siempre por los platenses y ahora reconocida en el mundo entero.

Usted dijo recientemente que los cantantes jóvenes hoy cuentan con medios que no existían cuando empezó.

“Es así. Yo conocí la ópera por un video que trajo mi padre de los Estados Unidos. Era un video de los de antes. Hoy cualquier

estudiante tiene a mano las grabaciones por YouTube, puede aprender técnicas de dirección e interpretación. Hay partituras a discreción, en Internet. Es muy diferente. Lo que es asombroso es que algunos puedan decir que no encuentran esos recursos”.

¿Cuál fue la primera ópera que vio y la impresionó?

“Una representación de Otello, con Plácido Domingo, en versión de Zefirelli. Ahí le dije a mi padre: quiero cantar ópera. Yo había estudiado el violín hasta entonces.

¿Y cómo se instrumentó su aprendizaje?

“En realidad, con algunas demoras. Mi padre era amigo de Mirta Garbarini y le dijo que yo quería estudiar con ella. Ella aceptó, pero lo cierto es que esperé cinco meses y no me llamaba. Una amiga que estudiaba con ella me dijo llamala, porque se olvidó... está llena de trabajo. Tomé coraje, la llamé y ella se acordaba. Me dijo vení cuando quieras. Así que empecé a viajar a Buenos Aires mientras estaba en el colegio secundario, tenía 14 años. Me acompañaba mi madre.

¿Qué estudió a lo largo de su vida para ser cantante?

“Solfeo, con mi padre. Canto con los profesores que tuve. Idiomas, claro, francés, italiano, inglés. Lo que no estudié fue arte escénico, porque eso me lo enseñó mi madre, que fue primera bailarina del Argentino. Me dio cultura teatral. Entre paréntesis, me encantaría ser actriz”.

¿El público la asusta?

“Nunca me asustó. Yo me meto dentro del personaje y mi preocupación es que esa representación le llegue al público. No me gusta estar parada en la nada. Siempre estoy en función del personaje. Me apasiona”.

Pero la técnica profesional debe sofocar a la parte emotiva. ¿Usted se emociona?

“El personaje es el que tiene que emocionar al público. Quizás yo sienta algo, pero lo controlo. Sí, siento la emotividad pero no puedo dejar dominarme por ella. Uno siente una adrenalina, claro”.

Hay grandes cantantes que, sin embargo, sienten miedo y hasta pánico antes de que se levante el telón.

“No siento pánico, no. Tengo una técnica, creo, que es muy útil. Voy al teatro dos horas antes. Lo camino, recorro la platea. Me ubico en el teatro. Eso me ha servido mucho.

¿Es verdad que el público es cambiante, que hay públicos que están predispuestos a escuchar y otros no? ¿Y que los que no están bien predispuestos terminan por influenciar sobre los cantantes, poniéndolos nerviosos?

“No creo en eso. Cuando el artista está bien, cuando se domina, transmite seguridad desde el escenario. Y uno siente que el público percibe esa seguridad, que luego la devuelve hacia el escenario. No existen tampoco los escenarios distintos. Mi actitud es unificar los escenarios. Canto en Nueva York como si cantara en La Plata. Hay que sentirse igual en todas partes”.

¿Que sintió al cantar con Plácido Domingo o con Alfredo Kraus?

“Que eran buenas personas. Que no te quieren tapar. Ellos se unen con el artista junto al cual actúan. Es algo maravilloso. Son los más grandes pero se empeñan en sumarse al elenco”.

Los cantantes solistas en la Argentina, ¿están bien reconocidos?

“No. No existen reconocimientos legales. A ver si logro explicarme: yo soy monotributista. No existe jubilación para nosotros. La mayoría de los integrantes de los elencos artísticos de los teatros cuentan con jubilación y obra social, entre otras ventajas que no tienen los solistas. Lo único que podría hacer un solista, el que puede, claro, es invertir lo que gana, no sé, en propiedades y así forjarse una futura jubilación”.

¿Existe algún sistema que pueda resultar más justo con los solistas?

“Cuando yo canto en Italia hay un sistema previsional para los solistas, que se llama Enpals. Es una libreta que le dan a uno. Cuando uno canta una ópera, el teatro pone un sello que reconoce esa función. Y allí se concreta el descuento previsional para la futura jubilación. El teatro deposita el porcentaje que quitan del cachet. Aquí no hay nada de eso y está muy mal que sea así”.

¿Le gustaría enseñar canto?

“Me encantaría, sueño con eso. Uno aprende mucho además. Pero con tanta función como tengo, ahora me resulta muy difícil”.

¿Por qué los grandes teatros argentinos no venden videos con las óperas? ¿Hay inconvenientes legales? ¿No hay mercado?

“No conozco el motivo. Pero estoy segura de que ese mercado se puede ir creando. La ópera es mucho más popular de lo que muchos suponen. Por eso es que quiero cantar Traviata en el Estadio Unico”.

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Su padre, Héctor Almerares, es un conocido violinista y fundador hace cuatro décadas del cuarteto Almerares. Su madre, Leonor Baldasarri, fue primera bailarina del Teatro Argentino. Su marido cantó en el coro del Argentino, es tenor solista y director escénico. Seguramente que todo eso la ayudó. Pero no en la medida en que lo hicieron su aplomo, la solvencia de su voz de soprano dominante, la profesionalidad y el coraje que usó para irse a estudiar a otras tierras y apostar su destino al juicio de públicos extraños y exigentes, que terminaron por adoptarla -como sus compatriotas- entre el muy reducido club de las mejores.

Fuente: http://www.eldia.com.ar/edis/20120422/la-voz-platense-brilla-mundo-septimodia0.htm

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