lunes, 30 de abril de 2012

Cómo explicar el legado del dramaturgo y director teatral Quico García

Espectáculos / Cómo explicar el legado del dramaturgo y director teatral Quico García si no es a través de su trabajo y su capacidad de entusiasmar a “un pequeño ejercito de gente totalmente entregada a sus locuras.” El compositor y director Daniel Gismondi recuerda la primeros años de trabajo con La Hermandad del Princesa.

30.04.2012 | 17.17

Por Daniela Camezzana.
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Justamente a propósito de los tiempos que comenzaban a correr con una fuerza devastadora, el dramaturgo y director teatral Quico García tomó la determinación de profundizar las líneas de trabajo que venía desarrollando en la década del ´80 como respuesta a la estética del modelo hegemónico del teatro oficial pero sobre todo en búsqueda de crear una poética vinculada al lenguaje dramático. Lejos de hacerlo solo fundó en el ´92, la Hermandad del Princesa un grupo de actores, plásticos, músicos y técnicos convocados por la propuesta de Quico guiada por la ética de lo maravilloso.

En ese sentido cuenta el compositor y director Daniel Gismondi que cuando Quico lo llamó fue su entusiasmo lo que terminó por convencerlo."Quico había visto algunas producciones en las que había hecho la música especialmente y me convocó para participar de este proyecto. Todavía estaba buscando un lugar pero ya sabía que quería que sea monumental. En ese entonces acababa de salir de un problema de salud muy serio y eso lo empujó a un cambio de vida copernicano: delegó gran parte de los negocios a su familia para dedicarle más tiempo a su tarea artística. Cuando conversé con él me encantó la propuesta porque quería que haga algo operístico pero sobre todo su idea de trabajar en grupo. Recuerdo que más allá de si era posible o no concretar el proyecto que era super ambicioso, me entusiasmó la experiencia.”

Pero lo que comenzó como una obra terminó convirtiéndose en la conquista real y concreta de un espacio. Según Daniel “fue tomar por asalto ese edificio gigantesco en ruinas con todo un pequeño ejército de gente que estaba totalmente motivado por la locura de este hombre. Imaginate que nos poníamos a trabajar desde las seis de la tarde hasta las dos de la mañana durante un año entero. En ese sentido creo que para todos nosotros fue una experiencia fundacional en lo teatral. Quico no sólo me enseñó todo lo que sé de lo dramatúrgico y lo actoral sino de lo teatral en un sentido amplio. Entender que significa construir un colectivo de trabajo, sumar a otros en tu sueño, alimentar el deseo del grupo, elementos que definen la capacidad de concretar lo imaginado.”

El proyecto incipiente terminó siendo Maluco, una obra basada en la novela de Napoleón Ponce de León que continuaba la búsqueda iniciada en trabajos como Woyzeck de Georg Büchner y Vincent y los Cuervos sobre textos de Pacho O´Donnell y dramaturgia de Quico García. Pero que marcaría un antes y un después en la carrera del director. Cuenta Daniel que más allá del mito nunca volvió a ver nada parecido “fue el proyecto de teatro independiente más grande que hubo en la ciudad y seguramente no va a haber otro igual porque fue de una dimensión y escala inconcebible para una producción absolutamente independiente. No teníamos ni subsidios, ni apoyos del Estado, se hizo sólo por la voluntad de la gente que se acercaba por el entusiasmo que él contagiaba. Maluco fue una verdadera locura para el teatro independiente, la gente hacía cola hasta la vuelta de la esquina, metíamos 200 personas por función durante cuatro años seguidos. Y un día en pleno éxito Quico decide bajar la obra, en ese momento todos nos morimos porque no lo podíamos entender era nuestro éxito, la obra con la que estamos triunfando. Pero él sabía que sino la bajábamos la íbamos a seguir haciendo toda la vida y era conciente que uno no tenía todo el tiempo del mundo para hacer todo lo que quería hacer. Aunque todavía no podíamos verlo.”

Con el teatro a otra parte. Después del éxito de la obra, el gran desafío era continuar con el grupo sin aferrarse a los lugares que habían alcanzado. Y así de literal se volvió la premisa que funcionó como punto de partida del siguiente proyecto, cuenta Gismondi que “se bajó la escenografía de Maluco que nos había llevado un año entero de trabajo y formó Canon Perpetuo. Una obra que a diferencia de Maluco que era inamovible fue pensada para ser trasladada. Efectivamente terminó siendo así porque ganamos la participación del Festival de Caracas y nos fuimos de gira por Venezuela que continuó en el Festival Internacional de Teatro Alternativo (Madrid) y el Nuevas Tendencias Teatrales (Barcelona).”

Como había sucedido con Maluco, el director decidió mientras aún disfrutaba del éxito de su producción comenzar con una nueva propuesta “estamos hablando del 2000 más o menos cuando comenzamos con Ritual Mecánico que de alguna manera cierra su trilogía más conocida. Con esta obra ganamos el Festival Internacional Circuito de Teatros Alternativos de España y en total fue un mes y medio de gira por tres ciudades de ese país. En ese sentido fue una experiencia inigualable porque era muchísimo lo que compartíamos, en esa época había una tendencia a formar un colectivo de trabajo con el cual uno compartía la vida. El teatro estaba muy vinculado a lo personal, éramos un grupo de gente donde nos conteníamos entre todos. Eso nos permitía trabajar con absoluta libertad y confiando en el compañero. Una dinámica de trabajo que ya no se ve tanto, por eso la Hermandad de Princesa se llama así porque verdaderamente éramos un grupo que estaba hermanado, compartía su vida.”

Ese modelo de creación tan propio del director es lo que lo vuelve “realmente es una persona indispensable en cuanto a su concepto del arte -afirma Gismodi-. Él veía más allá en cuanto a estética y formas de hacer arte. Como sucedió en Maluco, para él su trabajo era hacernos ver a todos a donde había que llegar, porque él lo había pensando. Todavía estoy conmovido por su desaparición porque deja un vacío muy grande en el teatro platense. Quico imponía sus marcas y su estética contra la corriente, tenía su idea personal y la defendía aunque muchas veces parecía que eso lo condenaba a un público limitado. Finalmente siempre terminaron con un éxito masivo porque el público apoyaba su honestidad intelectual. Era un salmón nadando contra la corriente.”

Fuente: http://diagonales.infonews.com/nota-179665-seccion-114&Redirect=false-Era-un-salmon-nadando-contra-la-corriente.html

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