viernes, 2 de marzo de 2012

Murió el último hippie platense

Oscar “Zam-bha” Gallichio en su puesto de Plaza Italia, con el cartel de la “Hippie card” que él mismo creó

viernes | 02.03.2012 Publicado en Edición Impresa: La Ciudad

UN PERSONAJE CELEBRE DE PLAZA ITALIA

Con Oscar “Zam-bha” Gallichio, desaparece el último vestigio en la Ciudad de un movimiento que marcó la década del 60 en todo el mundo

Hasta ahora, sobrevivía en la Ciudad una pintoresca expresión del movimiento hippie, aquel que marcó a fuego a la juventud de los años sesenta. Tenía su “base de operaciones” en la feria de Plaza Italia, donde Oscar Gallichio mantenía una curiosa librería que funcionaba en base a la confianza y no al intercambio comercial. Gallichio murió esta semana a los 64 años. Y con él se fue -en silencio- el último bastión de aquel movimiento que hizo historia.

“Zam-bha” -según el sobrenombre con el que se lo conocía- se hizo famoso en la Ciudad por crear la “Hippie card”. Era una tarjeta virtual que sólo funcionaba en su librería ambulante de Plaza Italia: permitía llevarse un ejemplar usado de cualquier género sin la obligación de pagar en el momento. Cuando un potencial cliente se acercaba al puesto atraído por el volumen de obras y la invitación de un cartel que decía “Por favor tocar”, él explicaba con su filosofía desprendida: “Llevate el libro que te guste. La plata nos la acercás después, el domingo que viene, el mes que viene, el año que viene o cuando pases de nuevo por acá y te acuerdes”.

Como resaltaron sus más estrechos allegados, él confiaba en la humanidad y ésa era su militancia: transmitir con la palabra y la acción que la generosidad y el optimismo son valores posibles de llevar adelante.

Intimamente vinculado a la cultura del rock y a las vanguardias sesentistas de la música nacional, integró los círculos del movimiento hippie de nuestra ciudad, se relacionó con la célebre Cofradía de la Flor Solar (semilla de reconocidas bandas, como Los Redondos) y fue fuente de inspiración de una historieta (“El barón Zam-bha”) creada por Ricardo Cohen (Rocambole), a quien lo unió, además, una entrañable amistad.

Nadie mejor que el artista plástico y autor de la gráfica de Los Redondos de Ricota para definir la figura del querido hippie de Plaza Italia. “Fue un ejemplo de coherencia: vivió como pensaba y hasta murió como él quería, en su casa. Fue muy generoso y solidario, el arquetipo de las ideas que los jóvenes tuvieron hacia fines de los años 60, y practicó sus ideales en su propia vida”, dijo, tras la muerte de su amigo, el “Mono” Cohen.

Resultaba fácil encontrarlo, un sábado o un domingo, mate en mano, con su particular modo de vivir el oficio de librero. Entretenido narrador de anécdotas, le gustaba conversar con los jóvenes, remontarse a los tiempos de la vida en comunidad y hablar sobre los exponentes del rock que había conocido varias décadas atrás. Sumamente sociable, para “Zam-bha”, ese acuerdo implícito de “lleve ahora y pague después” era una suerte de pacto, una excusa para que la gente volviera al lugar y continuar así con las apasionadas charlas.

A “Zam-bha” le diagnosticaron cáncer el año pasado. Unos días antes de morir escribió unas palabras que legó a una de sus amigas y que se conocieron tras su fallecimiento a través del Facebook. En ese breve pero emotivo texto convocó a sus allegados “a un momento de reflexión y regocijo ante el maravilloso viaje que he emprendido de regreso a casa. Reciban, desde lo más elevado, mi gratitud por todo lo aprendido; y les ruego interesadamente, disculpen los errores de mi torpeza (para hacer más liviano mi equipaje)”.

Los restos de “Zam-bha” fueron cremados y sus cenizas trasladadas a Córdoba.


El poder de la flor

Por LUIS PAZOS

Llegaron en los `60 con una idea loca. La más loca de todas: cambiar al mundo. Y en cierta medida lo consiguieron. Para la historia nacieron el 14 de enero de 1967 en el barrio Haight-Ashbury de San Francisco, que en ese momento era una Feria al aire libre. Ese día 15.000 jóvenes de clase media, blancos en su mayoría, de 15 a 25 años, se autoconvocaron para repudiar al “american way of life” (el modo de vida americano).

Los chicos con el pelo por los hombros y las chicas con vestidos multicolores y collares de cuentas, tenían una pasión común: la música, tocada por “Los muertos agradecidos”, una banda desconocida. También amaban a Jack Kerouac, el novelista de la generación beat (la anterior) con el que compartían una serie de valores. El amor libre, la marihuana, el budismo zen, la ropa usada y el desprecio por la política y la educación burguesa, eran parte de ellos.

Eligieron un símbolo que recorrió el mundo entero: la flor, que regalaban con una sonrisa a los turistas que se asomaban, curiosos y asombrados, a la calle Haight. Con la oleada hippie arribó la televisión y con ella el espectáculo de ver en vivo y en directo el nacimiento de lo que los sociólogos calificaron como una “subcultura”. Muy a su pesar eran parte de la odiada sociedad de consumo.

Parte de esa primera “generación” hippie emigró a las zonas del Medio Oeste, donde cultivaron sus propios alimentos, aprendieron los oficios artesanales y se integraron a las comunidades rurales, que ajenas a las costumbres de las ciudades, vivían de acuerdo a sus propias leyes.

Los que sobrevivieron en las ciudades del mundo entero, antes de convertirse en moda y desaparecer, dejaron una herencia que hoy es parte insoslayable de la historia. Por un lado la negativa a participar en la guerra de Vietnam quemando los documentos en plena calle. Por el otro, el megafestival de Woodstock que instaló, a través de la música, conceptos que penetraron definitivamente en la cultura norteamericana como “Hagamos el amor y no la guerra”.

En La Plata el hippismo llegó de la mano de La Cofradía de la Flor Solar. Unidos por su amor a la música, una docena de jóvenes platenses se instaló como comunidad en un a casona de la calle 41. Allí, junto a la creación musical, elaboraron las pautas de un estilo de vida opuesto a las normas establecidas.

Su propuesta: “Elevar los cerebros sobre la rutina, el aburrimiento y el desánimo de una sociedad crecientemente ensordecida”.

Fuente: http://www.eldia.com.ar/edis/20120302/murio-ultimo-hippie-platense-laciudad24.htm

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