domingo, 25 de marzo de 2012

En el país de la fantasía

Domingo 25 de marzo de 2012 | Publicado en edición impresa

Música-teatro / Entrevista en París

Jorge Lavelli habla de sus últimas producciones en Europa

Por Luisa Corradini | LA NACION

"Lo importante es la emoción y la libertad", dice Lavelli, el reconocido artista argentino. Foto: David Ruano

PARIS- Hay quienes cuentan historias con palabras, otros lo hacen con imágenes; Jorge Lavelli relata con todas las herramientas que tiene a su alcance: frases, gestos, cuerpos, metáforas, ideas, figuras, sentimientos, sensaciones, luces, percepciones y -como pocos directores de teatro- también cuenta con música.

"Lo importante es la emoción y la libertad", precisa con una desarmante sencillez ese gigante de la escena, que marcó toda una generación de jóvenes europeos durante los años que dirigió el Teatro Nacional de la Colina en París entre 1987 y 1996.

Desde entonces, su producción artística ha sido tan fecunda como antes. Y si los reconocimientos internacionales pueden ser considerados un barómetro para medir el genio de un creador, baste decir que Jorge Lavelli ha recibido más de 20 premios. En Francia, es además oficial de la Orden Nacional del Mérito, comandante de la Orden de las Artes y las Letras y Caballero de la Legión de Honor.

Pero nada de todo eso parece habérsele subido a la cabeza. A los 80 años, quien puede ser considerado uno de los hombres más talentosos y prolíficos de su generación, conserva intacto el entusiasmo y la curiosidad que le permitieron poner en escena desde 1963 unas 100 piezas de teatro y más de 60 óperas en todos los rincones del planeta.

Lavelli recibió a LA NACION en París, en la misma casa que habita desde hace décadas en el barrio del Marais, a dos pasos del Centro George Pompidou. Recientemente renovado, el dúplex es como el director y su mujer Dominique: cálido, sereno y acogedor.

Por estos días se volvió a hablar de Lavelli en París, Toulouse y Varsovia. En Francia, por el estreno en la Opera Garnier de La viuda alegre , una opereta del austriaco Franz Léhar, compuesta en 1905, que Lavelli puso en escena por primera vez en ese mismo teatro hace 12 años y repuso en esta ocasión.

Las horas previas al reestreno fueron agitadas por la angina que obligó a reemplazar a la mezzo Susan Graham que debía interpretar a la célebre heroína, Madame Glawari. Esa misma noche Lavelli aterrizó en Varsovia para asistir a la representación de otra puesta original suya, Polieukt , ópera del compositor polaco Zygmunt Krauze, basada en Polyeucte , obra en cinco actos del dramaturgo francés Pierre Corneille.

"Es una obra fascinante, probablemente la primera tragedia con tema cristiano escrita por Corneille, basada en la vida del mártir San Polieucto", dice, antes de lanzarse a una explicación minuciosa y apasionada del argumento.

La acción de Polyeucte se desarrolla en Armenia, en el siglo III, durante la persecución de los cristianos por el emperador romano Decio. Corneille evoca allí las consecuencias de la conversión al cristianismo de Polyeucte: consecuencias psicológicas y sociales para el convertido, que debe romper con sus lazos humanos, y consecuencias políticas, pues es el yerno del gobernador romano Félix.

El hecho de que esta vez se trate de un Polyeucte polaco, parece encantar a Lavelli.

"En este caso deseché los alejandrinos. La producción está inspirada en Corneille, pero su tratamiento es algo particular. A partir del original, quisimos crear una obra que defendiera la idea de libertad, no solo religiosa sino política, en una época de fanatismo: la nuestra", dice.

La trama sigue siendo una historia de amor, de poder y de libertad. Pero el tratamiento de Lavelli incluye algunas variantes. "Nuestra versión se aleja del contexto histórico de la pieza de Corneille para contar el recorrido de un hombre víctima de un conflicto interior. Este Polieukt, que cree en el Dios de los cristianos, tiene una relación homosexual con un personaje de la ópera. Verdad histórica, esta variante aporta un elemento aun mayor a favor de la tolerancia", concluye.

La adaptación de Lavelli (ver fotos) viajó después a Toulouse. En esa ciudad del sudeste francés la opera tuvo un éxito que sorprendió al mismo director: "Hay algo en esa obra que toca la fibra más profunda del público contemporáneo. Probablemente se trate de la cuestión de la solidaridad y, sobre todo, de la tolerancia", señala con entusiasmo.

Debajo de esas apariencias de hombre normal, de argentino bien educado, afable y cortés, Lavelli es un sólido intelectual, un verdadero europeo, un humanista sensible y atento a los movimientos del mundo. Y aunque le cueste reconocerlo, también es un gran melómano que ha puesto en escena a los nombres más grandes de la lírica: Mozart, Verdi, Puccini, Beethoven, Haendel, Offenbach, Debussy, Bartok, Prokofief, Wagner? Aunque asume con igual vehemencia la creación de autores desconocidos del gran público, ya sea en ópera como en teatro.

Hablando de Wagner, el teatro Capitole de Toulouse lo espera nuevamente para el último trimestre de este año, donde estrenará Rienzi , una obra casi desconocida de Richard Wagner.

Cuarta ópera del compositor alemán, Rienzi es el último de sus trabajos de juventud, de modo que no forma parte de sus diez óperas principales. Pero esa creación, que fue el primer éxito de Wagner, prácticamente no ha sido representada desde1940, incluso en Alemania. En cierta forma "renegada" por el mismo autor, tiene el acceso prohibido al Festival de Bayreuth.

"Es una ópera muy difícil de montar: es larguísima, requiere un enorme elenco para hacer frente a todos los coros previstos en la obra. Wagner incluyó incluso un ballet que en nuestra adaptación ha desaparecido, como muchas otros pasajes. Así y todo, estamos en tres horas y media de espectáculo. Pero, al mismo tiempo, es una reflexión muy elocuente sobre el poder", explica Lavelli.

En la Roma antigua, Rienzi lidera una revolución, toma el poder por voluntad popular y devuelve a la ciudad su belleza y su vigor. Con los años, Rienzi pierde su influencia y el pueblo se rebela esta vez en su contra. Antes de morir en una Roma incendiada y en ruinas, el héroe maldice a su pueblo por su ingratitud.

"Como Simon Boccanegra , Rienzi viene del pueblo. Es una suerte poder montar esa obra", dice con visible satisfacción. Esta será la sexta cita que el público de Toulouse tendrá con el trabajo de Jorge Lavelli. Además de Polyeukt , el director estuvo en el Capitole con El carnaval de Venecia , La Traviata , Fidelio y Simon Boccanegra .

-En medio de esa fecunda actividad, ¿cuál es su relación con la escena argentina?

-Inexistente

-¿Por qué?

-Porque es difícil llegar a concretar proyectos en la Argentina: uno comienza algo con alguien y en medio del trabajo el hombre es reemplazado o renuncia o sucede algo y todo queda en el aire. Es imposible trabajar así.

No es una cuestión de medios. Lavelli reconoce que la creación joven es múltiple y talentosa pero, como todos aquellos que se fueron hace tanto tiempo, tiene dificultades en acomodarse al funcionamiento y la idiosincrasia de esta nueva sociedad argentina.

-Usted insiste en la libertad de utilizar todos los medios a su alcance a fin de contar una historia. En La viuda alegre incluye al final un endiablado french can can. Hace años, utilizó un tango de Piazzolla en Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, en la Comédie Française. ¿En ese proceso, la imagen tiene para usted más importancia que la palabra?

-Yo busco antes que nada escapar a lo común, a lo evidente. Trato de exaltar la psicología de los personajes, de poner en valor lo que hay en el interior de cada ser humano. Siempre intento superar la realidad para entrar en la fantasía.

En este punto preciso podría residir el secreto de su éxito: en esa voluntad de que cada una de sus creaciones logre internar al espectador, invariablemente, en el terreno de los sueños.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1459349-en-el-pais-de-la-fantasia

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