sábado, 19 de noviembre de 2011

Una ópera de largo aliento

PERFORMANCES VOCALES DESIGUALES SOBRE TODOS LOS CANTANTES, SE DESTACÓ LA SOPRANO CARLA FILIPCIC HOLM, QUE HIZO DE REINA DE ESPAÑA: REALMENTE IMPECABLE

MÚSICA | Crítica “Don Carlos” de Verdi En el Teatro Argentino.

19.11.2011 | Por Sandra De La Fuente

Con la versión original en francés -cinco actos que suman casi cinco horas de espectáculo-, el Don Carlos de Verdi cerró la temporada que el Teatro Argentino planteó como un tour de force cuya culminación fue la primera representación de Tristán e Isolda en ese escenario.

El teatro ha demostrado tener capacidad para producciones de gran magnitud. En este caso, la más wagneriana de las óperas de Verdi no sólo tuvo una escenografía obsesiva en cada detalle, sino que la gran orquesta respondió más que satisfactoriamente al largo aliento de la partitura.

El escenógrafo Enrique Bordolini contrastó materiales: la liviandad y transparencia de las telas contra unos voluminosos andamios movibles, revestidos con unas texturas laboriosamente repujadas, como retablos barrocos opacos y opresivos. Y la puesta de Francesco Esposito supo sacar provecho de ese sistema de andamios, distribuyendo cantantes y figurantes en las diferentes plantas, haciendo rendir el espacio aéreo no sólo para alivianar los grandes números corales, sino para marcar el omnipresente peso del pueblo en las decisiones que toman los personajes.

Pero sin duda la figura excluyente de toda esta gran parafernalia fue la soprano Carla Filipcic Holm, que compuso una Elisabeth de Valois, Reina de España, de línea impecable y sensible. La voz de Filipcic Holm corre sin ningún esfuerzo, con la potencia justa y un cuidado camarístico por la inflexión de cada palabra.

El resto del elenco, aunque solvente, queda un poco opacado por esa tremenda sensibilidad. Pero en esta segunda línea habría que remarcar al Marqués que compone el barítono búlgaro Krum Galabov, con una voz pareja en todo el registro y una expresión sin ninguna afectación.

En cambio, la mezzo rusa Elena Sommer, la princesa Eboli, tiene un buen color en el registro central, pero su voz pierde elegancia en el agudo. Además, en los momentos de enojo se mueve con una brusquedad un poco infantil. El bajo español Rubén Amoretti, el Rey de esta producción, tiene un precioso timbre, pero no el suficiente cuerpo y proyección. Al contrario, la voz del tenor francés Luca Lombardo, corre bien en toda la tesitura, pero tiene un regusto metálico en el agudo.

El resto de los comprimarios –Fabiola Massino (Thibault), José Antonio García (Gran Inquisidor), Mario De Salvo (monje) y Victoria Gaeta (voz del cielo)- cumplieron con su papel de manera irreprochable.

La orquesta, dirigida por Alejo Pérez, aunque sufrió desajustes puntuales en las cuerdas graves y los metales, tuvo un desempeño general bueno.

Fuente: http://www.clarin.com/espectaculos/musica/opera-largo-aliento_0_593940694.html

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