martes, 22 de noviembre de 2011

¿Qué tendrá la princesa del pop?

MÚSICA / 21.11.2011

COMO EN DISNEYWORLD LA ESCENOGRAFÍA IMPACTA: MOTOS, AUTOS, BARCOS. LAS COSAS SE MUEVEN MÁS QUE LA DIVA.

En el Estadio Unico de La Plata hay 30 mil personas según cifras de la organización y la previa es un griterío. Una cuenta regresiva en las pantallas y en 0:00 se dispara un video introductorio. Ahí, Britney se escapa de una prisión en tacos y vestidito dorado bajo una temática que cruza el show de este Femme Fatale Tour : es una mujer acosada por un obsesivo y los paparazzi. El lente de una cámara fotográfica en las pantallas lo deja bastante claro: drama de la fama. En la Argentina no había otra forma de llegar a ella que a través de videos y noticias. No sabemos si siempre bailó con desdén y el delay de la medicación. Pero Britney no cumplió los 30 todavía, tuvo dos hijos, varios dramas personales y lo que está haciendo ahí arriba es dificilísimo. No puede (ni intenta) revivir la gloria de la Lolita de … Baby One More Time , pero tampoco le alcanza para canonizarse a lo Madonna. El tiempo sabe perdonar el pop malo, pero 13 años no son suficientes.

Si para el ensayista Driedrich Diederichsen la primera Britney era una criatura neoconservadora que combinaba lo de ser madre en la vida y prostituta en la cama, 13 años después de la salida de su debut, las cosas cambiaron. En medio del show, Britney hace subir a unos supuestos fans (iban escoltados por seguridad antes, así que...) para que bailen y estamos en un casamiento. El kitsch que aún no causa gracia y la Spears que se mueve como la tía escotada que todavía no computa como “veterana apetecible”. ¿Es justo trazar un análisis desde acá? Chimenteras de 150 kilos twittean al día siguiente que Britney tiene sobrepeso y dos ex Patito Feo hacen su crítica que se parece a mirar dentro del Delorean (ver “Volver al futuro”).

Pensar en la performance de ella como solista es equivocado. No es tanto una cantante (hace playback o algo parecido, ¿y?) sino un parque temático. Todo lo que canta tiene un correlato bailado o viene acompañado de una imaginería literal en las pantallas o en la utilería. Una docena de bailarines como Oompa Loompas perfectos y multirraciales la rodean constantemente, le ayudan a bajar escaleras, le ponen esposas o le dan una mano trayendo motos, un auto y barcos egipcios al escenario. Lásers, fuegos artificiales, cambios de vestuario, ninjas, Zoolanders, plataformas que se elevan. Pero todo eso cobra verosimilitud sólo en las pantallas. El recorte colabora a pensar una popstar posible.

El mote de “La Princesa del pop” es necesario leerlo desde una perspectiva Disney. Hay una interpretación infantil de la belleza y ella baila con algo que representa unos espejos; la “intriga internacional” es igual a imágenes de pasaportes europeos y siglas KGB en pantalla; el “peligro” es una moto en detalle y planos de una máquina de tatuar. Britney devuelve información procesada para dos puntas de un abanico que combina la tipificación del gay extravagante y la adolescente incómoda con su cuerpo vistiendo una tiara de plástico en el pelo. “Seguí bailando hasta que el mundo se termine”, canta ella al final del show y se sube a una tarima con alas de ángel.

Bilo Zaccagnini

Fuente: http://www.clarin.com/espectaculos/musica/princesa-pop_0_595740428.html

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