martes, 22 de noviembre de 2011

Pasión amorosa y simbolismo patriótico

Martes, 22 de noviembre de 2011

MUSICA › DON CARLOS, EN EL CIERRE DE LA TEMPORADA DEL TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA

La versión original en francés de la ópera de Giuseppe Verdi permite leer al compositor desde otro lugar. Un buen trabajo de la orquesta y del coro, flexibles y expresivos en todos sus matices, canalizó correctamente la grandilocuencia de la obra.

Por Gustavo Ajzenman

La obra de Giuseppe Verdi está fuertemente asociada a la tradición nacionalista italiana. Si bien nunca lo hizo de forma explícita, el simbolismo patriótico de sus coros más populares, con el “Va, Pensiero” de Nabucco a la cabeza, está fuertemente arraigado al imaginario popular. Por eso, tal vez, el mayor valor de haber elegido la versión original en francés de Don Carlos como cierre de la temporada del Teatro Argentino de La Plata es que permite leer al compositor desde otro lugar.

Una letra puede hacer un mundo de diferencia: la versión que usualmente se interpreta en Argentina es “Don Carlo”, la traducción al italiano de la obra original escrita por encargo y en francés para ser estrenada en la ópera de París en 1867. La francesa “Don Carlos” que se estrena de esta forma por primera vez en el país debía adaptarse al formato de la Grand Opera: acción espectacular, cinco actos, un ballet en el medio y momentos emotivos para que el público pudiera aplaudir. El resultado es la obra más larga de Verdi, que incluso le valió la crítica de haberse vuelto demasiado “wagneriano”. Una ópera de tales dimensiones está expuesta a colapsar bajo su propio peso. Si esto no ocurrió fue por un gran trabajo de la orquesta, flexible y expresiva en todos sus matices, su director Alejo Pérez, y un coro que fue sutil cuando debía serlo y potente cuando la música lo requería.

Como suele ocurrir en las óperas del compositor, la trama se desarrolla en un momento muy preciso de la historia. En este caso es el año 1559, luego de la firma del tratado de Cateau-Cambrésis, que puso fin a la guerra entre Francia y España. Para sellar el acuerdo, la princesa Elisabeth de Valois debía casarse con el rey Felipe II. El problema es que la mujer, niña en realidad, ya estaba comprometida con el hijo del monarca, Don Carlos. Todo esto, en el marco de la rebelión calvinista en Flandes y la opresiva resistencia de la Inquisición y el reinado español. La puesta del italiano Francesco Esposito no es revolucionaria, pero sí efectiva a la hora de lograr la atmósfera angustiante. El decorado contiene al coro y los figurantes que observan todo el drama, como en una tragedia griega, desde estructuras que hacen según el caso de balcones o mazmorras. La idea tenía sentido en momentos como el Auto de Fe, la matanza ceremonial de herejes, que de cualquier forma resultó multitudinario y estático, pero no tanto en la escena del monasterio de Saint-Just.

El libreto está basado en un drama de Friedrich Schiller, aunque, por supuesto, Verdi solamente insinúa los detalles políticos e históricos para centrarse en el drama amoroso y casi edípico (demasiado prematuro para despertar suspicacias psicoanalíticas, pero imposible de ignorar en el presente). Probablemente el drama tenga una lectura más humana que histórica. Los protagonistas se ven asediados a cada momento por concepciones duales: el deber contra el deseo –en la diyuntiva de Elisabeth de aceptar o no el casamiento–, la traición versus la lealtad –del Marqués de Posa, amigo de Carlos, pero a la vez preferido del Rey–, e incluso el amor y el honor –cuando Carlos decide viajar a Flandes para continuar la lucha de su compañero y dejar a Elisabeth–. Desde el punto de vista político, subyace la dicotomía Estado e Iglesia. Ambos aparecen sin embargo como enemigos de la libertad, tema recurrente en el romanticismo. Finalmente, se unen contra la rebelión, y Don Carlos. Aunque son las pasiones y no la política las que motivan la acción.

En la primera función, el elenco fue equilibrado y parejo. Se destacó la mezzo rusa Elena Sommer que en el rol de la despechada princesa Eboli logró crear uno de los personajes más creíbles. En todos sus matices dramáticos, desde la ira hasta el arrepentimiento, fue correcta en lo vocal y conmovedora en lo actoral. Rubén Amoretti, como el Philippe II, resultó potente y efectivo en todo momento. A José Antonio García le faltó la potencia necesaria para llegar a ser temible en el rol de El Gran Inquisidor. En su interpretación de Elisabeth, la soprano argentina Carla Filipcic Holm fue impecable en la afinación y homogénea en todo su registro. El tenor Luca Lombardo interpretó a un Carlos sin muchos matices, pero con gran potencia y timbre cuidado en los agudos. Krum Galabov, el Marqués Rodrigue, fue un partenaire adecuado.

PUNTAJE 7

DON CARLOS
De Giuseppe Verdi.

Don Carlos, con libreto de Joseph
Mery y Camille Du Locle, basado en Don Carlos, Ingant von Spanien, de Friedrich Schiller.
Dirección Musical: Alejo Pérez.
Dirección de escena y vestuario: Francesco Esposito.
Escenografía e iluminación: Enrique Bordolini.
Dirección del coro: Miguel Fabián Martínez.
Elenco: Carla Filipcic Holm, Elena Sommer, Rubén Amoretti, Luca Lombardo, Krum Galabov, José Antonio García, Fabiola Massino,
Mario De Salvo, Victoria Gaeta, Darío Leoncini, Sergio Spina, Oreste Chlopecki.
Orquesta Estable, Coro Estable.
Lugar: Teatro Argentino de La Plata
Nuevas funciones: jueves 24,
domingo 27.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-23588-2011-11-22.html

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