martes, 21 de junio de 2011

Victoria Almeida: sorpresa en la calle Corrientes

UNAS FICHAS A...

En cada función de “Espejos circulares”, el público suele preguntar “¿Quién es esa chica?”. Tiene 27 años, buen manejo de clown y mucha experiencia en teatro independiente.

21.06.2011 | Por Sandra Commisso

Curiosamente, con mucho escenario transitado, para Victoria Almeida ésta es su primera experiencia en el teatro comercial. Victoria comparte cartel con Soledad Silveyra en Espejos circulares , dirigida por Javier Daulte (ver El dato ).

El comentario general de los espectadores cuando termina la función es: “¿Quién es esa chica?”. Para ella, la experiencia también resulta sorprendente. “Estaba aterrada. Pero la paso bárbaro. Nunca había trabajado con nadie del elenco y ellos tampoco me conocían. Ahora me están descubriendo. Y se respira un clima de armonía y de amor entre todos. Somos como una familia y eso es muy importante en una obra como ésta, tan coral”. Victoria habla de generosidad y disfrute dentro y fuera del escenario y es la misma sensación que ella transmite en la intimidad de su camarín.

Pero antes de llegar a esta obra, para la cual pasó un cásting con el director, Victoria tuvo su largo camino teatral. A los 18 se mudó de La Plata a Buenos Aires para estudiar en el IUNA y con varios maestros. Y a eso sumó clases de danza, de canto y de clown, la técnica que más herramientas le dio como actriz. “Es algo revelador. Me descubrí a mí misma”, cuenta.

Desde entonces hasta ahora pasaron Zorba, el griego (“Ahí la conocí a la directora Helena Tritek, que es mi madre teatral”), El trompo metálico , El amante del amor (que se reestrena en agosto, en La Casona del Teatro), El amo del mundo (en el Cervantes), Súper crisol (con Los Macocos) y El Dibuk, entre dos mundos (en el San Martín), entre muchos otras, además de unas cuantas comedias musicales.

Hoy, a los 27 años, asegura que su apariencia aniñada todavía le permite seguir “robando”, al componer personajes más adolescentes, como lo hace en Espejos...

En el medio, Almeida se fue a Francia a estudiar con Ariane Mnouchkine, una de las directoras teatrales más prestigiosas del mundo. “También hice un cásting y fui becada para hacer un seminario de tres meses. Fue una experiencia bellísima”, cuenta con una naturalidad que la caracteriza. “Cada cásting por el que pasé fue como un gran entrenamiento actoral, fue volver a empezar siempre y más allá de los resultados, nunca me sentí rechazada”.

Pero el teatro no es el único ámbito que exploró Viki (como la llaman todos). También el cine la tuvo entre sus filas con cuatro películas rodadas en los últimos años y que esperan su estreno pronto (dos de ellas, este año): La última mirada , Malditos sean , Siete mares y El desierto .

“Me gustan todas las facetas de una actriz”, asegura. “Y lo que más me ayudó a ir encontrándolas fue la técnica del clown porque permite descubrir tu alter ego y esas partes tuyas que no te bancás. En mi caso, por ejemplo, aceptar la torpeza. Es algo que te conecta con lo más esencial del ser humano, con la emoción más profunda y pura”.

Almeida pudo canalizar todo eso, entre otras cosas, en un unipersonal que espera ansiosamente poder reestrenar en algún momento: La última vez (que me tiré a un precipicio) , espectáculo que ella misma creó junto a un maestro de clown, el estadounidense George Lewis.

Personajes como los de Doña Rosita, la soltera o Irina de T res hermanas están entre las muchas criaturas teatrales a las que Viki quiere prestarles su cuerpo. “No importa el género; lo que más me interesan son las historias. No sé de dónde salió mi amor por la actuación. Simplemente apareció un día”, dice. La única referencia cercana es su hermana mayor, Milagros, con la que compartió años de estudio. “Ella ahora se dedica más a la música. Pero yo tenía clarísimo desde muy chica que quería dedicarme a esto. Para mí actuar es algo necesario, vital, relacionado con el juego y el disfrute”. Algo que se transmite del escenario a quienes están del otro lado: “Sentir que el público disfruta lo que está viendo tiene que ver con el amor y uno busca eso... Llegar a los corazones. Creo que el teatro tiene su poder; no sé si le puede cambiar la vida a alguien, pero te puede tocar en algo muy profundo”.

Paralelamente al teatro y al cine, Almeida es una de las caras de la señal televisiva infantil Paka paka, desde hace varios años, y participó de algunos de los ciclos de ese canal, como Inventia , Cineclub , Ciencia cierta y En globo por el globo . Pronto va a grabar una nueva temporada y se divierte cuando algunos chicos la reconocen y la saludan por la calle.

La delicadeza que se percibe en esta actriz se debe, en parte, a su práctica budista, descubierta algunos años atrás.

“Cuando estaba haciendo la obra El trompo metálico , la dramaturga ponía en mi personaje algo que lo volvía más comprensible y que yo no podía encontrar con tanta facilidad. Ella practicaba el budismo y a partir de ahí me empecé a interesar”, relata la actriz. “Fui leyendo cada vez más y hubo algo que me tocó. El budismo es una religión y una filosofía de vida y, en mí, generó una transformación radical”, reconoce.

Tanto su personaje en el escenario como ella misma trasmiten una sensación de paz poco frecuente. “La vida sigue teniendo obstáculos y dificultades, pero lo que ocurre con el budismo es que te permite estar parado en otro lugar frente a ellos. Y así, todo resulta más placentero”, entiende la actriz que llegó a la calle Corrientes.

Fuente: http://www.clarin.com/espectaculos/personajes/Victoria-Almeida_0_503349675.html

No hay comentarios.:

Publicar un comentario