martes, 17 de mayo de 2011

Mentime que me gusta

LA CULTUROSA - Revista virtual de Cine, Teatro y Artes Visuales de La Plata

TEATRO EN EL PASAJE DARDO ROCHA

El grupo de teatro Layave fue el encargado de poner en escena Fast food o la velocidad de la muerte, una pieza de Diana Raznovich que el mismo grupo califica como “una obra cruel y negra”.

“¡Estas tetas no son mías!... estas piernas, seis liposucciones al año… La jeta toda estirada, la boca con trompita de colágeno, los ojos rasgados con un bisturí magistral… ¿Cuándo me perdí?, ¿cuándo me dejé tirada en una alcantarilla?, ¿cuándo?, ¿cómo llegué hasta aquí toda rebanada?”… todo esto se pregunta la célebre diva Alicia Bonafé mientras mira la pistola con la que piensa poner fin a su vida. Pero suicidarse así nomás, sin que nadie la vea sufrir, sin ser llorada, no tiene sentido; es por eso que decide vender su suicidio a la ambiciosa e inescrupulosa periodista televisiva Monina Monet.

Juntas, encabezan una relación amor/ odio de estrategia mediática, con el fin de que el suicidio de Alicia sea vendible, efectivo y sensiblero, “así como le gusta a la audiencia”. En el medio, los cruces sentimentales, la traición y el sexo se lubrican en un buen espectáculo marketinero, en donde no importa nada y el lema es el fin justifica los medios.

El teatro, al igual que otras artes como el cine o la literatura, han creado a lo largo de la historia múltiples miradas en torno al poder de los medios y la relación medios-audiencia. El sensacionalismo, los juegos de poder, los intereses mediáticos, han sido temas por demás explorados, tanto sea en clave de ficción como de documental verídico. Por eso no es novedad que una obra de teatro presente una comedia negra en donde se pone en juego la ética periodística y la búsqueda del rating a cualquier precio. Sin embargo, Fast food innova en ciertos aspectos técnicos que incorpora en la puesta en escena, con el objetivo de enfatizar “la mirada sobre la mirada”, el dispositivo hablando sobre el dispositivo, el ojo del Gran Hermano que todo lo ve; incluye una pantalla gigante, que dialoga con los personajes de la obra simulado “en tiempo real”, mientras en un lateral otro actor filma la función y un televisor transmite en vivo las imágenes que se ven en el escenario. Esa cámara en mano es un espacio compartido entre actores y espectadores de la función, que se convierte en audiencia televisiva y es interpelado explícitamente desde la dramaturgia. Se abre la puerta del debate: ¿qué es lo que quiere el público televisivo?

Con actuaciones prolijas, se destaca una buena labor de Valeria Soibelzón (Monina Monet) y el vestuario de Analía Seghezza. Un espectador un tanto exigente, podría sentir que la obra, si bien mantiene el ritmo y la cadencia, podría haberse aproximado más a los márgenes de la actuación, explorando un mayor compromiso corporal y gestual de los personajes. Los momentos de tensión no fueron tan tensos y la banalidad de la televisión se vio plasmada en el guión y el peso emotivo de la obra.

Pero si te gusta el espectáculo que habla del espectáculo, podés visitar el Pasaje Dardo Rocha, los sábados a las 21.30 hs, hasta el 27/05 y observar la perversa sonrisa de Monina Monet.

Fuente: http://sites.google.com/site/laculturosa/ver-ms-28

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