sábado, 23 de abril de 2011

Un clásico vigente

WHISKY Y DISCUSIONES ENTRE LOS HOMBRES QUE JUEGAN PÓKER Y LAS MUJERES.

Crítica “Un tranvía llamado Deseo”. La puesta de Veronese es fiel a la original, casi en extremo. Los actores la potencian.

.* 22.04.2011 | Por Juan José Santillán

En un epígrafe de sus memorias referido a una fotografía de la versión de Un tranvía llamado Deseo , estrenada en Broadway, Tenneesse Williams escribió: Lo que les sucede a las mujeres que confían demasiado en la amabilidad de los desconocidos . Era una sentencia que jugaba con la emblemática frase que dispara Blanche Dubois, debido a que la foto coagulaba una escena vital de la obra con una de las hermanas Dubois camino al hospicio, totalmente desbaratada, mientras la otra abrazada a Stanley Kowalski en la escalera. En el medio, los amigos de Stanley se hundían nuevamente sobre su mesa de póker. Barro puro.

La puesta de Daniel Veronese de Un tranvía ...recorre el texto con un claro soporte actoral que moldea una versión correcta, casi en extremo, en la concreción de las formas que se propone como objetivo. Se trata de un espectáculo compacto en la superficie de esa constelación de personajes bordeando el abismo personal, con el whisky circulando para generar, en este caso, cáusticos hologramas de las hermanas Dubois y de todo lo que las rodea. Pero el filo entre demencia y cordura, que aún puedan generar estas criaturas, es un faltante en la intensidad general que transita la puesta de Veronese.

Blanche (Erica Rivas) una docente retirada por problemas con un menor, posee un aire decadentemente divesco en su visita inesperada al departamento de Stella (Paola Barrientos), quien vive en los suburbios. Ambas comparten un pasado de prosperidad, pero se encuentran en una situación lindante a la pobreza, algo que Blanche no puede asumir. Ella, además, tiene un pasado extremadamente turbio que Stanley Kowalski (Diego Peretti), marido de Stella, ira develando de manera obsesiva para dejarla al descubierto con sus miserias. Sin embargo, a lo que Blanche aspira es a cazar un hombre que la mantenga. Allí entra Harold Mitchell (Guillermo Arengo), único solterón entre los amigos de Stanley. El grupo se cierra con Steve (Gonzalo Martínez) y su esposa, Eunice (Paula Ituriza).

En ese intento por ocultar el pasado y peleando con lo que se filtra públicamente a pesar de sí misma, se desgaja Blanche Dubois. De allí su baúl de ropa, rebosante de prendas lujosas, que la cubren al modo de capas; siempre con las luces bajas para no develar el paso del tiempo. Basado en este claroscuro, con tonos sepias, se plasmó el buen diseño de iluminación de Eli Sirlin que fracciona, acorde al desarrollo de la acción, los climas del departamento con dos ambientes- ideado por Jorge Ferrari- donde acontece la obra.

Erica Rivas aborda una Blanche que no logra afianzar la contundencia de su delirio, ya que se vuelca hacia la comicidad en extremo. En tanto que Diego Peretti alcanza la exasperante brutalidad de un Kowalski que reposa sobre un gran trabajo de Paola Barrientos, quien lleva una Stella que resuelve desde la sutileza de una mirada gran parte de las situaciones en las que se envuelve.

FICHA

Un tranvía llamado deseo
Autor Tennessee Williams Director Daniel Veronese elenco Paola Barrientos, Erica Rivas, Diego Peretti, Guillermo Arengo

Buena

Fuente: http://www.clarin.com/espectaculos/teatro/criticas/clasico-vigente_0_467353425.html

No hay comentarios.:

Publicar un comentario