viernes, 15 de abril de 2011

Diego Peretti y Erica Rivas: El desafío de repetir la historia

Entrevista. Los actores harán “Un tranvía llamado Deseo” El clásico de Tennessee Williams, con dirección de Daniel Veronese, desde el lunes, en el Apolo.

* 15.04.2011 | Por María Ana Rago

Estoy estrenando los zapatos de Stanley”, dice Diego Peretti, al mismo tiempo que se acomoda en un sillón y levanta sus pies para lucir el calzado negro de su personaje. Mientras, a Erica Rivas la están terminando de maquillar, anticipándose a la sesión de fotos. Ambos serán los protagonistas de Un tranvía llamado Deseo , de Tennessee Williams, obra que se estrenará el lunes en el teatro Apolo, bajo la dirección de Daniel Veronese y con producción de Daniel Grinbank.

El será el rudo y salvaje Stanley Kowalski; ella, su cuñada, Blanche Dubois, presumida y desequilibrada: personajes que se atraen y rechazan. En el elenco están Paola Barrientos (Stella Dubois), Guillermo Arengo (Harold Mitchell) y Paula Ituriza (Eunice), entre otros.

“Me llamó mi amiga Andrea Pietra para decirme que me estaban buscando para proponerme un papel”, relata Erica. No se imaginó entonces, que la mujer de Grinbank le estaba hablando de semejante papel. “Yo le respondí que se comunicaran con mi representante y le mandaran a él el guión”, continúa. Cuando la actriz supo que haría de Blanche, no lo podía creer. “Me parecía un sueño”, dice quien hace unos años ganó popularidad componiendo a María Elena, en la sitcom Casados con hijos .

“Yo estudié teatro con Raúl Serrano”, repasa Peretti. “Y él nos decía, cuando veíamos realismo norteamericano, que aprovecháramos en el curso para interpretar a esos autores. Repetía: ‘Si llegan a ser profesionales, ni en pedo los van a volver a hacer’. Y el destino está siendo benévolo conmigo”, cuenta, quien ahora hará Tennessee Williams y antes, integró el elenco de La muerte de un viajante , de Arthur Miller.

Stanley y Blanche son opuestos. “El es un personaje con una educación basada en el uso de la fuerza, del grito, para exponer su razón. Tiene certeza de su accionar en base a la intuición, no se permite vulnerabilidad, fragilidad, ni grietas de ningún tipo. El entorno hace que sea un líder. Es bruto y no siente culpa”, lo describe Peretti. “Blanche es una mujer que vivió la enfermedad y la muerte de seres queridos, y ése es, para mí, un factor muy desequilibrante. Y está gastando los últimos cartuchos que tiene, apostando a llegar a ser feliz. Pero está tironeada entre una exacerbación de lo femenino, que tiene que ver con una clase social, y un dolor muy grande, que es no ser querida”, la define Rivas. “Las formas de transitar la existencia de Blanche y la de Stanley entran en cortocircuito; no puede ser de otro modo, porque pertencen a culturas muy diferentes”, dice Peretti.

La obra aborda diferentes temas. ¿La puesta pone especial énfasis sobre alguno de ellos? ¿O ustedes hacen alguna lectura que rescate alguna de las cuestiones tratadas en la pieza? Peretti : Tennessee Williams y Arthur Miller son los autores emblemáticos del realismo de la posguerra yanqui. Todos los personajes atraviesan conflictos importantes, pasionales, extremos. En el caso de Miller, siempre tiene una pátina de didactismo social. En cambio Tennessee Williams tiene una poesía que reviste los conflictos, que no los hace menos realistas, y que se vuelve una ventaja explosiva de este autor. Williams se concentra en los conflictos interiores e interpersonales. Y así aparecen temas, que trascienden todas las épocas.

Rivas : Una de las cosas que más me llaman la atención es que atraviese tantas potencialidades del ser que están siempre en guerra. Y también está el “Deseo”. Creo que ahí Williams subrayó ese tema.

Peretti : Es que el deseo no tiene moral, entonces es peligrosísimo, porque es incestuoso, desubicado, irreverante...

Rivas : Algo más. Williams decía que esta obra es una plegaria por la gente sensible. Y yo siento que se trata de eso.

Nombran al deseo, la contradicción; hablan de conceptos emparentados con temas de la psicología y la psiquiatría. Claro es que la obra trata sobre eso y es inevitable, al referirse a Un tranvía llamado Deseo , ahondar en cuestiones que, entre otras cosas, tienen que ver con la salud mental. Pero no es menos cierto que estamos frente a dos entendidos en la materia. Peretti es médico psiquiatra (aunque no en ejercicio) y Rivas abandonó la carrera de Psicología en cuarto año de la UBA, ya siendo actriz. “Dejé porque en la facultad te hacen ver muchos problemas del hombre, pero no vislumbraba soluciones para ellos. Yo había entrado a la carrera para poder entender y ayudar a la gente, y sentía que no había cómo ayudar. Me interesaba la carrera y tenía buenas notas. Pero me pasaba que me daban ganas de llevarme a mi casa a todas las internas del Moyano. No me encontraba con armas potentes para poder resolver problemas. Y además, se iba contraponiendo a la actriz”, cuenta Erica.

En el 98, Peretti abandonó definitivamente la psiquiatría. “No atendí más pacientes. Leo libros sobre el tema, porque me interesa, pero nada más”, expresa. Mientras realizaba la residencia en psiquiatría, ya hacía teatro. “No dormía nada, pero estaba soltero y sin hijos, así que me sentía re liviano. Y me resultaban muy entretenidas las dos cosas”, confiesa Diego. “Coincido con Erica en esto de que la salud mental cuenta con armas pobres, a nivel mundial. Si a eso le sumás una política sanitaria huérfana de decisiones concretas, se duplica la impotencia para transformar los padecimientos. En la época en que yo dejé, era muy interesante el choque entre la psiquiatría y el psicoanálisis. Pero entre el discurso científico y el discurso artístico, me gustaba más el teatro. No me resultó difícil tomar la decisión ”, afirma.

Con todos sus conocimientos adquiridos, ¿qué diagnóstico hacen de sus personajes? Peretti : Stanley tiene un problema que se llama celotipia. No resiste el número 3. Y Blanche es el número 3 en la simbiosis de esta pareja, que Stanley forma con Stella. Es un personaje enormemente débil y con una enfermedad de celos muy grande. Tengo un diagnóstico para Blanche, pero no se lo voy a decir a Erica. No debe saberlo ahora que compone el personaje.

Rivas : A mí en general no me gusta pensar en diagnósticos para los personajes. Prefiero pensar en lo que yo puedo hacer en función de la interpretación; si tiene un discurso disgregado, por ejemplo. Me gustan más los síntomas.

Pero, ¿considerás que Blanche está loca? Rivas : Desde la primera vez que leí Un tranvía...

, me pasa que no creo que Blanche esté loca. Sí veo que sufre una transformación a lo largo de la obra. Y ahora estoy tratando de defender esa primera imagen que yo vi de Blanche, que tiene que ver con ser correspondiente con una moral muy propia.

Peretti : La locura no es algo romántico, es un sufrimiento de los peores y es consecuencia de un proceso. Y cada persona que la tiene, la padece en base a su historia. Pero dramáticamente se pone a la locura como el vértice de la desesperación, no en términos de enfermedad. Los personajes que llegan ahí tienen actitudes que no están dentro de lo civilizadamente correcto y eso también los hace heroicos.

En agosto, Erica Rivas filmará una película con Diego Torres, Extraños en la noche . Peretti está filmando una película, Un amor para toda la vida . Pero que los dos estén haciendo cine no es la única coincidencia. Los dos tienen hijas mujeres. Mora, la hija de Diego, tiene 9 años y Miranda, la de Erica (junto al actor Rodrigo de la Serna), 10. Todavía no se conocen, pero en cualquier momento. “Si se llevan bien, nos va a venir bárbaro, así se entretienen mientras trabajamos”, dice Diego.


Veronese prefiere un buen elenco a una buena obra

La puesta próxima a estrenarse en el teatro Apolo, cuenta con adaptación y dirección de Daniel Veronese. “Me convocó Daniel Grinbank”, repasa Veronese. “Es una obra que a mí siempre me gustó y que todos los actores quieren hacer. Es un texto peligroso y hermoso a la vez”, resume quien por primera vez en su carrera dirigirá una pieza de Tennessee Williams. Su estudio en el barrio de Palermo es el lugar elegido para la entrevista y también el espacio en el que el elenco realizó ensayos.

¿Por qué peligroso?

Por los prejuicios sobre cómo debe hacerse. Hoy es imposible no pensarla como película más que como obra de teatro. Cuando uno dice Un tranvía..., el común de la gente recuerda la película que protagonizó Marlon Brando.

Cuando te convocaron para dirigir esta pieza, ¿el elenco ya estaba armado?

Casi. En general, los productores me consultan sobre el elenco y eso está bueno. Yo necesito trabajar con gente que quiero. También prefiero que me guste el libro que voy a dirigir, pero considero que en el teatro es más importante el elenco que la obra. Con un buen elenco, se puede remontar una obra que presenta dificultades. En cambio, una buena obra, con un mal elenco, no hay manera de remontarla. He armado muchos proyectos a partir de actores y después busqué la obra.

Venís del teatro independiente, pero en el comercial ya llevás también una larga carrera.

Hace seis años que dirijo en el circuito comercial. Hasta ahora he hecho cosas que me han gustado. Claro que en el teatro comercial no tengo todas las libertades que tengo en el off, porque en el ámbito privado no son míos los proyectos, soy convocado para dirigir. Pero aunque no sean míos los proyectos, dirijo como si lo fueran; si no, no podría hacerlos.

Y un clásico en tus manos, se transforma...

Veremos... Siempre siento un pánico tremendo antes de mostrar las obras.

¿En qué consiste la adaptación que hiciste sobre Un tranvía...?

Trabajé con menos libertad que cuando hago adaptaciones de Chejov o de Ibsen, donde realmente doy vuelta el texto y lo convierto en otra obra. Acá hice algunas pequeñas modificaciones, cambié textos para darle agilidad al espectáculo. Un tranvía... tiene once escenas y me planteé cómo hilvanarlas, para que no aparezcan cortes teatrales. A mí me obsesiona la continuidad. Por eso hice una recomposición a nivel puesta.

El texto, ¿es bastante fiel al original?

Sí. La obra es maravillosa. Habla sobre la violencia de género, el alcoholismo, las diferencias raciales... De todo. Me centré en las relaciones familiares y vinculares, y lo demás sale a partir de eso.

Si bien toda su energía, ahora, está puesta en Un tranvía..., tiene otros proyectos para este año. Pronto comenzará a dirigir una versión de La gaviota, de Chejov, que llevará por título Los hijos se han dormido y se estrenará en el mes de julio en la sala Casacuberta del teatro San Martín. Luego viajará a Barcelona, para dirigir ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, de Edward Albee, con un elenco de actores catalanes. Y para su regreso, dirigirá, también con producción de Grinbank, Razones para ser linda, de Neil Labute. 

Fuente: http://www.clarin.com/espectaculos/teatro/desafio-repetir-historia_0_463753734.html

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