sábado, 22 de enero de 2011

Andanzas de Pablo Podestá en 1911

Opinión teatro

Ernesto Schoo

Sábado 22 de enero de 2011

Los eruditos coinciden en que en 1910, acompañando la celebración eufórica del primer Centenario, culminó la llamada edad de oro del teatro argentino. De ahí en adelante comenzaría una lenta declinación, causada en gran parte por el avance de un rival imparable: el cine. En 1911, el número de porteños asistentes al teatro se mantiene en la cifra del año anterior, unos 6 millones y medio; si en 1907 asistieron al cine, en la capital, 600.000 espectadores, en 1910 ya eran tres millones y medio.

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Es también la edad de oro de Pablo Podestá (1875-1923), seguramente el actor argentino más celebrado y requerido por el público en su tiempo. ¿Cómo veríamos hoy su actuación, al parecer inspirada en la de los grandes trágicos italianos de entonces -asiduos visitantes del Plata-, aunque marcada por un sello bien personal? Enrique García Velloso, que lo evoca en sus Memorias de un hombre de teatro (Kraft, Buenos Aires, 1942), dice que un factor importante en sus interpretaciones era "una cabellera leonina, agitada al viento de las pasiones desatadas". También, los saltos (era un consumado atleta, proveniente, como sus hermanos mayores, del circo familiar) y los rugidos. Todo un estilo, para un público ávido de emociones fuertes.

Asombran, en ese 1911, la cantidad y la variedad de papeles asumidos por Pablo, y su constante ambular de una sala a otra de la ciudad. Empezando por la reposición de su mayor triunfo, Barranca abajo , de Florencio Sánchez, por él estrenada en 1905, donde, a los 30 años, componía a un viejo criollo. En sucesivas temporadas se había animado a los papeles de aquellos trágicos italianos, como el protagonista de Muerte civil , de Giacometti, caballito de batalla del gran Zacconi. También en 1905 estrenaba Los muertos , de Sánchez, donde, según el crítico Miguel Bosch, hacía "una interpretación tan magistral que nunca actor alguno, por bueno que fuera, pudo darle esa intensidad terrible". Su sobrina, la actriz María Esther Podestá, lo recordaba así en la escena final de Tierra baja , de Ángel Guimerá: "El salto felino que ejecutaba para caer sobre su rival, ubicado en la otra esquina del proscenio, hacía que se pusieran de pie los espectadores de las primeras filas, alarmados por el gesto y la actitud del actor".

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Fugazmente casado en 1908 con Olinda Bozán, de 16 años de edad (el matrimonio duró un mes), Pablo Podestá -asimismo pintor, escultor y músico- perdió la razón en julio de 1919 y pasó sus últimos años en un hospicio. "Es Pablo ya un capítulo de la historia artística rioplatense", sentenció García Velloso al despedir sus restos.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1343446-andanzas-de-pablo-podesta-en-1911

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