domingo, 27 de junio de 2010

Juana Viale: Chica mala

Domingo 27 de junio de 2010 | Publicado en edición impresa

A solas con la protagonista de Malparida , la telenovela del momento

Por Any Ventura
Fotos: Urko Suaya

La vida de Juana Viale del Carril Tinayre es bastante conocida. Ya ha sido relatada a través de las mujeres de la familia. De su abuela, Mirtha Legrand; de su madre, Marcela Tinayre. Tiene más fotos publicadas en revistas que calles transitadas. Esta mujercita de veintiocho años es mamá de dos niños: Ambar, de 7, hija de Juan de Benedictis, y Silvestre, de tres, fruto de su relación con Gonzalo Valenzuela, a quien hoy le dice "mi marido". Después de participaciones en televisión -en Costumbres argentinas y Los Roldán , en un capítulo de Mujeres asesinas , en Sangre fría y Doble vida - y en cine -en Las viudas de los jueves , de Marcelo Piñeyro-, hoy es la protagonista de Malparida , la telenovela del momento. Su personaje, con el argumento de vengar la muerte de su madre, deja de lado todo tipo de escrúpulos. Todos los hombres son pasibles de ser conquistados y apresados. Este título remite indefectiblemente a La malquerida , escrita un siglo atrás por Jacinto Benavente, la historia de una pasión que coloca a los personajes al límite de la honra y los sentimientos.

La cita es combinada para las 13.30, horario de su almuerzo, en la productora Pol-ka. Es el único momento que tiene libre. Mientras LN R la espera, pasa Gonzalo Heredia y saluda; luego entra en el camarín Carina Zampini; en el pasillo nos cruzamos con Osvaldo Laport; más allá, salen del brazo Gabriela Toscano y Griselda Siciliani. El lugar es lo más parecido a Hollywood en castellano que hay por estos pagos. Allí no se ven divismos, sino un gran clima de trabajo, a tal punto que no hay diferencia de actitud ni aspecto entre productoras, maquilladoras, vestuaristas y actrices. Todas con jeans y zapatillas. Nadie sobresale.

-Oscar Martínez, en un reportaje, hablaba de su personaje en la obra El descenso del monte Morgan , de Arthur Miller. Un bígamo, tramposo. El lo defendía con mucho énfasis. ¿Vos podés defender a tu personaje de Malparida?

-También se llama Renata, que es como renacer. Yo la defiendo a Renata en su dolor por conocer a la persona que llevó a su madre al suicidio. La entiendo en esa sed de venganza. Pero llega a un punto en que siento que pierde el rumbo y empieza a vengarse, ya no sabe de qué. Cuando ella se va de su objetivo ya no la defiendo.

-¿Te violenta hacer de tan mala?

-¿En mi vida? [una pregunta retórica que ella misma se contesta]. No, para nada. La gente la quiere. Uno de mis miedos era que la gente me tirara con huevos y, por suerte, eso no pasó. Lo que sí pasa es que las personas más jóvenes, más adolescentes, tienen miedo y reticencia a acercarse a mí, y eso me encanta. Me gusta que no se me acerquen tanto. Me gusta ver que se quedan paralizados, como con miedo a acercarse.

-¿Sos una mujer que hace sufrir a los hombres?

-[Piensa] No. Soy una mujer que me superentrego al amor, pero a veces en el amor uno hace sufrir sin pensarlo.

-Las chicas dicen que hacés un muy buen casting de varones: Juan de Benedictis, Gastón Gaudio, Gonzalo Valenzuela...

-[Risas] No es un objetivo mío eso de "voy a conquistar a este hombre". Pasa, se me cruzan.

-Parecería que entre la vida pública y vos hay un permanente malentendido. ¿En qué momento entendiste que era así, que lo que no mostrabas vos, tarde o temprano lo comentaban en los almuerzos de Mirtha?

-Sí, hay un malentendido. Aunque hay muchas cosas que se inventan. Hasta los veinte años -cuando no trabajaba- era una persona pública por herencia, no por una decisión propia. Siempre he tenido una cámara espiándome; si iba al colegio, si salía a caminar, si fumaba un pucho: siempre. Después, cuando empecé a trabajar en la tele, comencé a hacer concesiones. Pero eso de que me esperen en la puerta de mi casa, o que me fotografíen sentada en un bar, no lo acepto hasta el día de hoy. Siento que todo ser humano tiene derecho a una vida privada, por más vida pública que tenga.

-¿Es un tema que te hace padecer?

-Sí, sufrí un montón al no poder decidir ser fotografiada o no cuando era adolescente. En el colegio, cuando caminaba por la playa... Era durísimo. Y se padece. Incluso hoy, eso de tener periodistas en la puerta de mi casa me desagrada muchísimo.

-¿No hay alguna forma de negociación para que no sea tan grave?

-¿Negociar qué? No me interesa.

-¿No te interesa de complicada o de simple? Das una niña a la que le agrada "rizar el rizo", como dicen en España.

-No, para nada. Tengo una visión mucho más sencilla de la vida, de las cosas. Me considero "cero enroscada", muy confiada, y siento que soy bastante sencilla en la vida. Se armó una parafernalia a mi alrededor con inventos que llevan a que se pueda creer que soy complicada, y es todo lo contrario.


Le traen su omelette de claras con tomate y queso descremado; agua mineral sin gas. Ese es su almuerzo. Dice que no se cuida, que come facturas todas las mañanas y que ahora no tiene tiempo de ir al gimnasio. Trabaja todos los días diez horas. Se despierta a las seis de la mañana y termina de trabajar a las seis de la tarde. Se ocupa de sus hijos, charla con su marido y se va a dormir. Cada vez que se refiere a Gonzalo Valenzuela habla de su "marido", aunque aclara que no están casados.

-Hablemos de las marcas de familia. De Marcela Tinayre como abuela.

-Es superabuela, está muy pendiente de todo, más ahora que estoy mucho fuera de casa. Me ayuda con las reuniones del colegio, desde conseguirle una peineta a Ambar hasta llevarla a danza y ocuparse de ella en arte.

-Esta es una familia donde las mujeres son tan independientes que casi no necesitan hombres. ¿Es así?

-Somos fuertes, pero los hombres de mi familia también son fuertes. Mi papá es menos conocido, pero es una persona fuerte. Antes, yo era más dependiente de él; ahora me apoyo en mi marido.

-Juana, ¿habías pensado en ser mamá a los veinte años?

-No lo pensé y quedé embarazada. Antes decía que ni imaginaba ser madre tan chica, pero cuando ocurrió me hice responsable y me sentí llena de amor. Ambar me ayudó mucho a crecer. Crecimos juntas.

-Leí que aprendiste de Juan de Benedictis (el padre de Ambar, hijo de Piero) a escuchar música.

-Juan es una persona muy obsesiva con la música, con un oído increíble. Recuerdo los momentos en que me hacía escuchar cada instrumento por separado dentro de una orquesta.

-Hablando de aprender, ¿qué aprendiste de tu abuelo Daniel Tinayre?

-Mi abuelo era inmenso. Me enseñó los mimos, los abrazos, los besos, los cariños y las risas... [piensa]. Cuando nos veía, abría sus brazos y nos cobijaba en ellos. Murió cuando yo era muy chica.

-¿Cuál es el recuerdo más fuerte que te ronda?


-Una de las cosas que más recuerdo es su manera de comer. Masticaba de una manera muy particular. Comía rápido [hace un gesto y un sonido]. No sé explicarlo, pero lo tengo en la memoria siempre. Lo recuerdo haciendo abdominales a la mañana con esa panza gigante que tenía. Recuerdo los veraneos juntos. Nosotros nos despertábamos a las doce del mediodía, y apenas nos veía nos decía la temperatura, del mar, de la pileta. Lo recuerdo siempre negro con la sonrisa blanca. Recuerdos de abuelo, de nieta; de cariño. Creo que nunca hablé de trabajo con mi abuelo. Lo iba a visitar cuando trabajaba de director de mi abuela en televisión. Iba al control y lo miraba con su sombrero con plumas. También recuerdo que su comida preferida era la carne con fideos.

-¿Como es independizarse en esta familia?

-Es tener mi independencia económica. Es poder decir, ahora que tengo una familia, "yo le puedo pagar el colegio a mi hijo, le puedo pagar la salud, le puedo pagar el helado que le gusta, lo hago yo". Eso es.

-Eso arma tu autoestima.

-Siento que me llena, me alimenta, me crece el pecho.

-¿Podrías vivir sin trabajar?

-Sí, lo he hecho. Los últimos tres años en Chile no trabajé. Me dediqué a mis hijos, fui mamá. Muy mamá. Me dedicaba a estar con ellos. Lo esperaba a mi marido, cocinaba.

-¿Te casarías con Gonzalo?

-La palabra casamiento me parece tan castradora... Haría una ceremonia por el amor.

-¿Creés en la pareja para toda la vida?


-Creo en la pareja para toda la vida y en el amor para toda la vida. Creo en el respeto, y creo que, si uno se equivoca, puede recomponer. Creo que es un trabajo diario. Nunca está terminado.

-Tarea no tan fácil.

-Hoy sí me es fácil, porque me separé y ahora me volví a juntar. Y todo es distinto.

-Se negocia, se aprende.

-¿Qué aprendí de estar separada? Aprendí a valorar a la persona que tenía al lado. Aprendí a dialogar y a mirar al otro a los ojos.

-Parecés una mujercita muy contenida, austera de gestos, un poquito distante. ¿Sos así?

-Por momentos soy supercariñosa y por momentos no se me escapa un cariño por nada. Pero vivo colgada del cuello de Gonzalo.

-¿Que te enseñó Gonzalo Valenzuela?

-Me enseñó mucho a amar. A dar, a apoyarme en la otra persona. A confiar. Con Gon me entregué. Me di.

-Depusiste las armas...

-Le regalé mis armas.

-¿Cómo te llevás con las escenas de sexo en Malparida ? Son muy osadas y fuertes.

-Sí, son muy fuertes. Pero hasta ahora las hice con Jorge Bechara, que es el director de exteriores, y me cuida. Los besos son las escenas más incómodas, tratando de fingir algo que no se siente. Son escenas incómodas.

-¿Estudiaste teatro?

-Estudié con Roxana Randón y con Nora Moseinco.

-En los primeros capítulos se te notaba un poco "durita" y luego fuiste aflojando. ¿Lo sentís así?

-Es cierto que con el tiempo fui encarnándolo más, pero nunca me sentí dura en el personaje.

-¿En algún momento te parece que necesitarías más recursos para enriquecer a este personaje?

-Siempre uno puede aprender más. Pero no siento que estoy "en bolas", para nada, Además, estoy muy cuidada por los directores. Pero es bueno seguir aprendiendo.

-¿Estás tan anti-K como Mirtha?

-Yo descreo mucho de los políticos. Siento que gobiernan para sí mismos. No creo en la política.

-Tu abuela habló mucho de la inseguridad. ¿Acordás con ella?

-En Chile es poco frecuente encontrar a alguien al que le hayan robado, que haya tenido un episodio violento. Acá es algo cotidiano. Alguien dice "me robaron" y nadie le presta atención.

-¿Significa algo para vos que una mujer sea presidente?

-Cuando Cristina fue elegida presidente tenía todo para ser la madre de un país. Para cualquier mujer, ser madre es lo mejor que le puede pasar. Hoy en día no me gusta el gobierno que tenemos. Siento que todo es muy turbio.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1279034-chica-mala

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