miércoles, 16 de septiembre de 2009

Se cumplen 20 años de la muerte de Ana Itelman

Miércoles 16 de septiembre de 2009 | Publicado en edición impresa

Una pionera

Fue maestra de Araiz, Stekelman, Wainrot y otros

La bailarina y coreógrafa Ana Itelman murió a los 63 años. Foto: LA NACION

"¿No sabías que trabajé con la Thulin, como coreógrafa?" Sorpresa: había trabajado con Ingrid Thulin, una de las actrices favoritas de Ingmar Bergman, en alguna producción de Broadway, y de eso habrá quedado algún rastro en su personal incursión por el inefable confín de la danza con el teatro. Fue en su prolongado período neoyorquino, hasta 1969, año en que regresó a Buenos Aires, pero un año antes había venido invitada a montar una obra suya con el Ballet del San Martín; en esa ocasión, bailó en el rol de la madre de Casa de puertas , su visionaria adaptación de La casa de Bernarda Alba .

La vimos, la aplaudimos. ¿Quién iba a imaginar, por entonces, que a los 63 años Ana Itelman nos iba a dejar una herida, en aquel 16 de septiembre, que sigue doliendo, 20 años después de su trágico final? Chilena de origen, argentina por adopción, neoyorquina por su formación, en los años cuarenta, integró la compañía de Myriam Winslow, el primer grupo argentino de lo que entonces se denominaba danza moderna. Saltó a los Estados Unidos para trabajar con Graham, Cunningham, Limón. Allá montó, entre otras piezas, Jove and Joe , Un caballo muerto en la bañadera y otras perplejidades , She Was a Visitor? Ya de regreso al Río de la Plata, creó la legendaria Ciudad nuestra Buenos Aires , primer destello de tango en la danza contemporánea, en la que Oscar Araiz bailó su solo -chambergo incluido- de inusual compadrito. Y con el Grupo del San Martín, en la primera gestión directiva de Ana María Stekelman, dio vida a Las casas de Colomba (1978), su vigorosa versión de Un tranvía llamado deseo .

En su estudio de la avenida Santa Fe (que luego donó al Taller-Escuela del San Martín), desarrolló una obra docente cuyas estribaciones no cesan: raramente, entre los maestros actuales, hay alguien que escape a su influencia. Bajo su mirada, se forjaron algunos notables, como Noemí Lapzeson, Araiz, Stekelman, Doris Petroni, Lía Jelín, Mauricio Wainrot, Alejandro Cervera, Diana Szeimblum, Susana Tambutti?

El capote , a partir de Gogol, pertenece al último período de su producción, un tiempo de crisis espiritual en el que se le empezaban a escurrir las ganas de vivir. Poco después, vendría el que fue su testamento, Paralelo al horizonte , cuerpos yacentes en el piso, amarga prefiguración de su inminente reposo definitivo. Sobre el escenario, en sus clases, en los ensayos, en la íntima revelación -tras la taza de té- de remotas deudas de amores neoyorquinos, Ana Itelman esgrimió siempre esa estatura de gran maestra que supimos admirar. No haría falta precisar cuánto se la añora.

Néstor Tirri

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1175003-se-cumplen-20-anos-de-la-muerte-de-ana-itelman

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