jueves, 17 de septiembre de 2009

70 años del Cine Victoria de Berisso

EL MUNDO DE BERISSO
Edición 1153 | Desde el 11 al 17.09.09

Herencia de familia


Nació el 14 de agosto de 1874 en Génova. En sus años mozos se embarcó y pisó América. Pico y pala en mano trabajó en la construcción del Puerto La Plata. Doménico Leveratto desposó a Ángela Lanfranco y tuvo cinco hijos varones: Antonio, Bartolo, Juan Ernesto y Domingo.

Su personalidad y visión lo convirtieron en el pionero de la cinematografía local y de la región. Sus primeros pasos llegaron en el 1909 de la mano del “biógrafo” que funcionaba en la esquina de Montevideo y Río de Janeiro. El bar “El Pampero”, propiedad de Nicanor Llaneza, que se transformaría años más tarde en el Sportman, albergaba a 100 personas que se incomodaban entre sillas y bancos.

Para llevar adelante la función, Leveratto cumplía múltiples funciones. Después de buscar las cintas que llegaban en ferrocarril en el Dock Central de la Barragán, volvía para desempeñarse como boletero y acomodador. Ubicados ya los espectadores corría a la “máquina de proyecciones” que funcionaba a manivela.

Buscando albergar más espectadores se trasladó a un local ubicado en la Avenida Montevideo al 600. Bajo un nombre que no registran las crónicas, el menor de los hijos, Domingo, avanza en el negocio. Al salón de proyección se anexó un fonógrafo que tenía como objetivo deleitar al público durante el tiempo de intervalo, que en ocasiones se volvían prolongados. En oportunidad en que se exhibía la “Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo”, por un error, el fonógrafo sincronizó un pasaje de la obra sacro con el vals de “La Viuda Alegre”.

Corría el año 1911, cuando Domingo, ayudado otro vecino, Pedro Petrone construyó el local propio sobre cercanías de la calle Hamburgo. El “Victoria” duró poco, porque se necesitaba más tiempo y espacio. Entonces, los pioneros se mudaron al salón de chapa y madera de la sociedad “La Real de Berisso” que funcionaba sobre la calle Londres, donde años más tarde se edificaría el Hospital Mario V. Larrain.

Cuatro años más tarde, un cortocircuito lo redujo a cenizas y es entonces cuando la dupla Leveratto-Petrone decide regresar a la sala propia, no sin antes desalojar al inquilino, un vendedor de papas y verduras. La edificación toma nuevas dimensiones, más amplias y el fonógrafo de la primer época es trocado por un piano eléctrico.

El Cine Progreso


Fue en 1915 cuando la Compañía Cine Progreso construyó el edificio en la esquina de Montevideo y Génova. Cuatro años más tarde, la empresa pasó a ser de exclusiva propiedad de la familia Leveratto. Lo que era un galpón de mampostería se reformó para darle destino al nuevo espacio cultural en el cual la Profesora Teresita Zoppi solía tocar el piano. A la promoción se accedía con una moneda de cinco centavos que Don Domingo guardaba en el bolsillo de su chaleco y ofrecía a quienes no contaban con el efectivo para la entrada. Especialmente gente joven. La planta alta se convirtió en un excelente refugio para parejas adolescentes que deseaban iniciarse en amoríos después de pasar por los bailes infantiles que ofrecía el Club Estrella. Los lunes se proyectaban películas de acción, lo que constituía un verdadero acontecimiento que se acompañaba con semillitas de girasol. Cuando el sol salía las montañas de cáscaras abandonaban la sala.

Cuando la luz de la pantalla se encendía, los espectadores liberaban gorriones previamente capturados que, al recuperar la libertad, volaban en busca de la luz que reflejaba la proyección y, si pasaban un documental donde se veía el picar del río que nacía en la cordillera hasta llegar al océano no faltaba un plateísta que exclamara ‘¡Pará Leveratto que nos vamos a ahogar!’. Del mismo modo, una escena de suspenso hacía que la sala quedara en silencio hasta que un novato lo quebrara con un grito agudo haciendo sobresaltar a los espectadores. Don Domingo logró canalizar la exaltación de un concurrente transformándolo en acomodador.

Linterna en mano se encargaba de apaciguar a los más revoltosos de la sala. El plantel de acomodadores se completaba con un inmigrante árabe, que se encargaba de ubicar a quienes llegaban tarde a la función. La tarea era coronada por “¡tomá pa´la caña!” Momentos antes de que Domingo entregara un anzuelo o un “¡tomá pa´el café!” cuando la recompensa era un terrón de azúcar. La era digital transformó al Cine Progreso en una confitería bailable.

Los años pasaron y Domingo continuó trabajando para el séptimo arte. En 1924 fundó el Cine Paramount de Bartolomé Bavio. El 28 de octubre de 1926 inauguró un "biógrafo" en la Sociedad Fraternal de Villa Elisa. En 1927 el Cine Universal y en 1928 hizo lo propio en el Círculo de Ajedrez, ambos de Ensenada.

En 1941 se hizo cargo del Cine Rex, que se inició como San Martín en la histórica calle Nueva York, en las cercanías del frigorífico Swift, dedicado además a números de varieté. Su responsabilidad se extendió hasta la década del 40.

El Cine Victoria

Las puertas del cine victoria se abrieron a la comunidad de Berisso el 5 de septiembre de 1939. Bautizado con el nombre de una de las salas anteriores y con una capacidad de 1050 personas, permitió a todos los vecinos disfrutar de los estrenos más importantes de la época.


La iniciativa, que desde sus inicios contó con el apoyo familiar, rápidamente se transformó en una gran atracción. Por la pantalla del denominado “cine nuevo” pasaron las novedades del llamado séptimo arte y su escenario recibió a destacados artistas nacionales e internacionales. Personajes como Piluso y Coquito, Jorge Porcel o Juan Carlos Altavista (Minguito) deleitaron a un heterogéneo público que a lo largo de los años colmó sus instalaciones para presenciar diversos espectáculos. Uno de los grandes cantores que se presentó fue Alberto Castillo. Cuando llegó se encontró que la sala estaba llena y había mucha gente afuera que quería verlo, entonces en la puerta cantó dos canciones a capella.

El cine también sirvió de refugio a los berissenses que se alojaron en la planta alta de la sala, esperando que bajen las aguas durante la crecida de 1940.

Con 68 años, Domingo Leveratto falleció el 15 de abril de 1942, dejando a Carlos a cargo de la empresa.

Las crisis que afectaron al país llegaron hasta la industria cinematográfica y como al resto de los cines, golpeó duro al Victoria, llevándolo a que por algún tiempo dejara de tener sus puertas abiertas. A pesar de todo, la lucha se mantiene y hoy en una buena parte del año su cartelera invita a presenciar a los más destacados títulos.

Desde el 2003 llegaron obras teatrales y reformas en las instalaciones. Se amplió el escenario, se armaron vestuarios y se extendió una nueva línea de energía eléctrica.

Tras esas modificaciones pisaron su escenario figuras como Alejandro Lerner, Cacho Castaña, Sergio Denis, José Larralde, Mambrú, Babasónicos y obras como “De guantes blancos” y “Coronados de Risas”.


"Pasan cosas sorprendentes, viene gente de La Plata y Ensenada gracias a estos espectáculos. Nos consultan sobre lugares para comer o tomar algo, con esto podemos decir que de alguna manera el cine también genera un movimiento de visitantes”, advierte Carlos Leveratto, refiriéndose a la actualidad de la sala.

Fuente: http://www.semanarioelmundo.com.ar/archivo_2009/1153/cultura_1153/cultura_1153_01.html

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