miércoles, 25 de marzo de 2009

Bello y afinado conjunto de cisnes

El cuerpo de baile, homogéneo y bien preparado, en torno de los bailarines de Ucrania

Miércoles 25 de marzo de 2009 | Publicado en edición impresa LA NACION

El lago de los cisnes. Coreografía de Mario Galizzi, repuesta por Sabrina Steiff, sobre originales de Marius Petipa y Lev Ivanov. Música: Piotr Tchaikovski. Por el Ballet (director: Rodolfo Lastra) y la Orquesta (Javier Logioia Orbe) Estables del Teatro Argentino de La Plata. Primeros bailarines invitados: Natalia Lazebnikova y Jan Vana. Escenografía: Augusto González Ara. Vestuario: Eduardo Caldirola. Iluminación: Gabriel Lorenti. Duración: 135 minutos. Próximas funciones: domingo 29, a las 18.30; el sábado 4 de abril, a las 20.30, y el domingo 5, a las 18.30.
Nuestra opinión: muy buena

El Teatro Argentino de La Plata inauguró el fin de semana pasado su temporada 2009 con un programa de ballet, el primero de un año que asoma prometedor. Fue con El lago de los cisnes , la inicial y más emblemática de las obras para danza que escribió Tchaikovski, según Mario Galizzi, versión que el coreógrafo local resumió del original y que ha probado su éxito en las principales compañías de nuestro país.

En principio, no hay mayor incentivo para el nuevo director del Ballet Estable que ver en escena cumplida su primera meta. "Quiero lograr un cuerpo de baile homogéneo, de calidad, disciplinado", decía Rodolfo Lastra días atrás. Y, sin dudas, el nivel de la compañía platense -en las coloridas escenas palaciegas, pero más aún a orillas del lago, en la que dos docenas de cisnes interpretaron al unísono sus pasos- fue de gran lucimiento. No es excepcional: ya el año último este mismo elenco daba cuenta de su afinado rendimiento, que habrá que procurar mantener.

El argumento de este clásico es bien conocido: Sigfrido está en edad de casarse y la reina madre organizó un baile en su honor al que asistirán cinco princesas, una de las cuales deberá convertirse en su esposa. Pero antes, el príncipe y sus amigos se internan en el bosque de cacería y, entre los cisnes que pueblan el lago, la belleza de Odette, convertida en ave por el mago Von Rothbart, lo enamorará. El nudo de la historia es el engaño de este hechicero, que irrumpirá en el castillo y hará pasar a su hija Odile por Odette para lograr que Sigfrido le jure amor eterno. Frente a la verdad revelada, y ya sin remedio, la doncella y el príncipe se arrojarán a las aguas, encontrándose más allá de la vida.

Con una pareja de bailarines invitados de la Opera de Ucrania, Jan Vana y Natalia Lazebnikova, el primer acto cuenta con actuaciones para destacar. Si un bufón es, por definición, el alma de las fiestas, Martín Quintana compone un papel de carácter efectivo, que no sólo entretiene a cortesanos en escena, sino que divierte a la platea con elocuencia y generosos saltos. Es para destacar, además, el desempeño de Esteban Schenone en el pas de trois , así como el famoso pas de quatre de los pequeños cisnes.

Lazebnikova se entregó a la interpretación en este rol desdoblado que tanto apasiona a las primeras figuras que afrontan el desafío. Ella tiene sus extremidades aladas por el movimiento, es delicada y liviana, como las mismas plumas. Vana, de figura estilizada y elegante, prolijo y con técnica limpia, tiene, no obstante, una actitud ininmutable. ¿Acaso se enamoró de esa mujer-ave?, y más tarde, ¿no es desesperación lo que teóricamente invade al príncipe cuando se reconoce engañado? La elaboración dramática del personaje es el talón de Aquiles de este jovencísimo bailarín checo.

Artista de la casa, Víctor Filimonov encarnó con personalidad a Von Rothbart, al que le da un tinte más maléfico que poderoso. Por otra parte, la caracterización de este villano da pie para detenerse en las bondades del vestuario, que, como la escenografía, fue realizado en los talleres del teatro bonaerense.

Con el segundo acto, la narración regresa al palacio. Si fuera por sus cualidades de bailarina, la princesa húngara (Alejandra Baldoni) debería ser la elegida de Sigfrido para casarse. Pero ya se sabe como es esto y el colorido despliegue de danzas (española, napolitana, czardas, mazurca) que se suceden como ofrenda terminará con la sorpresiva llegada del mago y su hija. Ahora como cisne negro, la ucraniana da muestras de mejores herramientas expresivas que su compañero para modular su interpretación Odette-Odile, y sobresale por sus virtudes dancísticas con los 32 fouettes que coronan un pas de deux que ratifica el entendimiento que desde Kiev trae la pareja.

Se sabe que El lago... es una obra que otorga especiales oportunidades de lucimiento a la figura femenina y al cuerpo de baile. Ambos, verdaderos protagonistas de esta producción.

Constanza Bertolini

Para derribar el mito de la distancia

  • Que el Colón esté cerrado y sus escenarios sustitutos no den posibilidad de desplegar grandes títulos no debería ser sinónimo de que los balletómanos porteños se priven de ellos. Vale la reflexión, tal vez como una invitación a romper con el mito de la distancia: hay muy buenas funciones de ballet, obras completas, puestas grandes, a menos de una hora de Buenos Aires; con traslados provistos por el propio Teatro Argentino de La Plata ($ 25, ida y vuelta) desde el centro de la ciudad y entradas accesibles (una localidad en la codiciada fila 8, por ejemplo, cuesta $ 45). Deseando a viva voz el pronto regreso a casa de la apreciada compañía del Colón, el público tiene una alternativa a ahogarse en los lamentos.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1111758

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