miércoles, 24 de octubre de 2001

Luisa Vehil, un recuerdo que ilumina las marquesinas

Espectáculos

Beatriz Molinari 

De nuestra Redacción

Luisa Vehil nació en 1912 en una legendaria familia de actores catalanes; por eso no sorprendió cuando apareció por primera vez en un escenario en brazos de su madre, a pocos días de nacer, en Montevideo.

Se inició en las tablas, en Buenos Aires, con El burlador de Sevilla (1928), aunque su debut como dama joven fue en la compañía española de Julio San Juan, para pasar luego a la de Luis Arata.

Poco después viajó a Chile y alcanzó el rango de primera actriz. De regreso, trabajó con Nicolás Freges y Paulina Singerman y encabezó el cartel con Mario Soffici y Santiago Arrieta. Tras una gira por Uruguay en 1932, se incorporó al Teatro Nacional de la Comedia, hoy Cervantes. En ese teatro interpretó personajes importantes durante siete temporadas consecutivas. 

La independencia

Ya al frente de su propia compañía en el teatro Liceo y con su marido (Bullrich) como empresario, se lució en La casa de los siete balcones, El luto de Electra, La idiota, Maria Estuardo, Los árboles mueren de pie, Juana de Arco.

Colgaban el cartel “localidades agotadas” en la boletería y la crítica la elogiada sin reparos.

También dirigió la Comedia Nacional entre 1964 y 1966. Desde ese lugar tuvo el honor de realizar una versión célebre de Ollantay, de Ricardo Rojas.

Ella recordaba esa temporada con particular emoción. “Con la obra de Rojas nos presentamos con gran éxito en el Teatro de las Naciones, de París y luego la llevamos a Bruselas y a Madrid”. 

“Siempre relaciono a Ollantay con una bella etapa de mi vida en la que aprendí mucho. El teatro siempre es fervor y entrega. En aquel tiempo y ahora. Casi 50 personas, en nombre del teatro argentino, fuimos a Europa con un texto que tenía que ver con nosotros de manera sustancial”, dijo.

El berretín del cine

El cine, en cambio, le dio menos oportunidades para poner en evidencia su talento, aunque vivió momentos históricos.

En 1933 debutó con Los tres berretines, la producción inaugural del Equipo Luminton, en la que trabajó con Arata y Luis Sandrini y donde actuó también su abuela Dolores Dardés. En 1983 ella hablaba con nostalgia de ese modo de hacer cine. “La llamaron ‘la película de los tres luises’. ¡Inaugurar Luminton, qué maravilla! Hoy me da dolor. Todo cambia, todo pasa, vamos perdiendo cosas aunque ganemos otras. Ver esos grandes lugares donde se hicieron esas grandes películas, y que ahora estén ocupados por otras cosas, da dolor. Es como si el cine se hubiera salido de su lugar”.

Cuatro años después filmó Así es el tango y en esa película estrenó el tango Nostalgia. “Tuve que estrenarlo, teniendo al lado a Tita Merello, que era una maravilla”, comentó.

Su mejor papel fue el de Pampa Bárbara, con el que ganó el premio a la mejor actriz de 1945 como pareja de Francisco Petrone. 

El posterior ascenso del peronismo al poder truncó, por cuestiones ideológicas, su carrera cinematográfica. La actriz vivió una larga noche, dejó de ser convocada por los grandes estudios nacionales de entonces; estuvo 14 años sin filmar, hasta que en 1959, Daniel Tinayre la convocó para integrar el elenco de En la ardiente oscuridad, que encabezaba Mirtha Legrand. 

Años dorados

En las décadas del 70 y del 80 fue dirigida por Alejandro Doria en La Isla; por Luis Saslavsky en El fausto criollo; por Juan Bautista Stagnaro, en Una Mujer y por Nicolás Saquís, en La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro (1977).

Su penúltima aparición fue en Los pasajeros del jardín (1982), el relato de Sivina Bullrich, en el que interpretaba a la despiadada madre de Graciela Borges, incapaz de entender la relación de su hija con un divorciado. También participó en Kindergarten (1989), la conflictiva película de Jorge Polaco.

Aunque sufrió un problema en la columna en el tramo final de su vida, llegó a trabajar en cine, teatro y televisión en silla de ruedas. Entonces recibió el Premio Konex de Brillante y formó parte en esa etapa del directorio del Fondo Nacional de las Artes.

Hoy se recuerda a Luisa Vehil como una de las pocas actrices de su generación, considerada siempre de avanzada por su forma de actuar y por los autores que eligió poner en escena (añoraba su participación en obras como Los días felices de Samuel Beckett).

La idea que tenía del oficio y del talento la ponía junto a los actores que pensaban el teatro y el cine como un espacio sagrado.

“La gente que se dedica al arte es gente elegida, privilegiada. Como cuando Dios se detiene en un lugar especial y usted se pregunta qué tiene. Un paisaje donde Dios se detuvo para darle ese toque fantástico, ese duende que también tiene el teatro y el actor, donde El se ha detenido, para darle su ángel, su encanto”, dijo cuando las nuevas generaciones apenas la conocían por ser la presentadora del ciclo televisivo Las 24 horas.

Falleció a los 79 años; continúan la tradición familiar, sus sobrinos, Miguel Angel Solá y Mónica Vehil. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario