sábado, 2 de diciembre de 2000

Bartok y Stravinsky brillaron en La Plata

Sábado 2 de diciembre de 2000 | Publicado en edición impresa LA NACIION

Bartok: Ballet-Pantomima "El mandarín maravilloso". Coreografía de Roberto Galván, con Javier Abeledo, Leticia Latrónico, Daniel Proietto y el Ballet Estable del Teatro Argentino. Directora del ballet: Mabel Silvera. Iluminación: Juan Carlos Greco. Escenografía y vestuario: Edgar De Santo. Orquesta y coro estables del Argentino. Director: Stefan Lano. Stravinsky: Opera-Oratorio "Edipo Rey". Cantantes: Hugo Holdorf, Florence Quivar, Stephen Owen, Oreste Chlopecki, Pablo Skrt, Gui Gallardo (relator). Iluminación: Juan Carlos Greco. Escenografía y vestuario: Edgar De Santo. Dirección escénica: Pedro Pablo García Caffi. Orquesta y coro estables del Argentino. Director: Stefan Lano. Teatro Argentino de La Plata. Martes 28 de noviembre.
Nuestra opinión: Muy bueno

Fue una experiencia de singular atractivo asistir, el martes, en La Plata, a dos creaciones escénico-musicales del siglo XX, realizadas con un rigor que no registró ninguna concesión estética al pasado. Esa actitud apareció totalmente natural, desde que se abrió el telón sobre la resplandeciente escenografía de "El mandarín", que desdeñó la sordidez del tema y atrapó visualmente al público con un diseño de discos rojos espejados colgados como infinitos faroles. El movimiento multiplicado de estos brillantes objetos se plegó de manera decisiva al ritmo incesante y sostenido de la acción.

Hoy se realizará la última función en el Teatro Argentino.

En el despliegue plástico (y en la iluminación de lúcida intencionalidad) se advirtió el propósito de no cargar aún más sobre la densidad expresionista y dejar que esa atmósfera partiera de la orquesta y la historia, como fue previsto por Bartok. En este sentido, se advirtió notoria identificación escénica con el carácter de la música angular, metálica, incisiva y tajante.

Por su parte, los bailarines realizaron una lectura muy entusiasta de la coreografía de Roberto Galván, en la que no se filtran restos académicos ni se rinde culto a recursos vulgares de la pantomima. Leticia Latrónico y Javier Abeledo (como el Mandarín) dieron una imagen febril e implacable y, técnicamente, recordaron en muchos momentos las tan intensas y memorables actuaciones de Norma Fontenla y Gustavo Mollajoli, que estrenaron la obra en mayo de 1967. La dirección del cuerpo de baile mostró notable coincidencia con la idea general y sus bailarines contribuyeron de manera rotunda al trazado fuertemente erótico de la obra.

La ópera

El "Edipo Rey", de Igor Stravinsky, sobre libro de Jean Cocteau, es una de las muy interesantes experiencias imaginativas del medio siglo pasado. Excavado de Sófocles, el músico rasuró aún más la piel clásica del original y dejó a la vista los huesos de la tragedia. Para poner mayor distancia con cualquier sospecha de emociones directas, Stravinsky hizo traducir el texto al latín, con lo que se propuso aumentar el rigor objetivo, sin perder la majestuosidad poética del teatro griego.

Para esto, mantuvo el coro y colocó delante de él, claramente diferenciada, la figura de un rapsoda que relata los pasos hacia el castigo final del protagonista. Este relator tiene la misión de recuperar al espectador de cualquier metáfora o fantasía lateral y devolverlo al tema central. Para este papel, el Teatro Argentino convocó a Gui Gallardo (el cantante que ya había tenido esta responsabilidad en la versión de 1964, en el Colón), quien cubrió su parte con clarísima dicción y gran dignidad expositiva.

Los cantantes

El elenco de cantantes fue encabezado por el tenor alemán Udo Holdorf, cuyos datos lo dan como actual estable en la Opera de Düsseldorf. Se trata, sin duda, de un veterano, con capacidad para comunicar cierto dramatismo, aunque su voz ya perdió cualquier resto de colorido. Sería equivocado esperar una respuesta de tipo melódico en una obra que no lo pide, pero un timbre intransparente y deslustrado tampoco es lo que marca "Edipo Rey". En el país hay muy buenos antecedentes de este rol, asumido en el 53 por Anton Dermota, en el 64 por Carlos Cossutta y en el 88 por otro argentino, Eduardo Ayas. No se trata de que Holdorf esté fuera del territorio Stravinsky, sino que, con su deterioro vocal, ya no puede cantar ni el Wagner ni el Strauss que, alguna vez, parece que hizo bien.

El personaje de Yocasta estuvo a cargo de la mezzo norteamericana Florence Quivar, la misma cantante que tuvo ese rol en la versión 1988 de la ópera-oratorio. Ya no produjo la conmovedora impresión de hace 12 años, porque su voz no conserva la variedad de matices que tenía ni la tonalidad mate que la distinguía. En cambio, los años agregaron un pronunciado vibrato.

El mejor cantante de esta versión fue el Creonte, a cargo del barítono chino-norteamericano Stephen Owen. Tiene una voz amplia, esmaltada, con cierta morbidez y emisión franca. Y canta con naturalidad, algo que lo diferenció netamente de sus compañeros de elenco. Este elogio debe extenderse a la genuina y muy calificada actuación del Coro Estable del Argentino, que ya se proyecta como uno de los mejores organismos del país para el repertorio lírico.

La escenografía y el vestuario demostraron un buen gusto notable, con manejo sobrio y equilibrado de los colores. No hubo ninguna intención de recargar, algo que salvó a su autor, Edgar De Santo, del pecado decorativo. Y nuevamente, las luces de Juan Carlos Greco jugaron un papel trascendente.

Pero lo que más llamó la atención fue el bautismo operístico de Pedro Pablo García Caffi, que, como régisseur de esta obra, finalmente sacó afuera sus condiciones teatrales, aparentemente archivadas tras muchos años de formación con distintos maestros. Fue muy interesante comprobar hasta qué punto logró conservar la inmovilidad de los personajes, como marca la obra, y no congelarlos estatuariamente, privándolos de sentimientos humanos.

La orquesta

Esta carga de emotividad, de la que Stravinsky decidió vaciar a su "Edipo Rey", surgió también (y muy especialmente) de la orquesta. Hace varios años que Stefan Lano aparece como una excelente adquisición argentina, ya que regresa periódicamente para asumir la dirección, sobre todo, de obras del repertorio contemporáneo. En este Stravinsky mostró su coherencia musical para responder a la exigencia formal, sin restar impulso interior. Logró de la orquesta del Argentino un notable atractivo tímbrico. Se involucró en el drama y consiguió que el público pusiera especial atención en el foso orquestal, donde Stravinsky depositó la esencia de esta creación tan significativa para el teatro musical del siglo XX.

Jorge Aráoz Badí
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=43298

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