jueves, 30 de septiembre de 1999

El festival de Buenos Aires, visto por expertos

Programadores extranjeros analizan el reciente encuentro escénico porteño.

Jueves 30 de setiembre de 1999 | Publicado en edición impresa LA NACION

Vinieron de Austria, Chile, Alemania, España y Bélgica.Son cinco de los 60 programadores o directores de festivales de teatro que llegaron al Festival Internacional de Buenos Aires que culminó el domingo. Gente experimentada. De esos que buena parte del año se la pasan de un avión a otro para detectar lo que se genera en los escenarios más diversos del mundo. En medio de esa rueda mágica y misteriosa, el encuentro escénico porteño se convirtió en un paso obligado para ellos. Y como gente experimentada que son, dan su veredicto sobre el festival que reunió a grandes personalidades de la escena mundial.

Hortensia Volckers es argentina, pero desde hace muchos años vive en Austria. Allí es uno de los tres directores del Festival de Viena, un encuentro dedicado al teatro de experimentación, la danza, la performance y las artes plásticas. Según su opinión, el encuentro local se realizó "de una forma increíblemente profesional. De la primera edición a la actual ha crecido muchísimo. Está en camino de convertirse en un gran festival internacional. Desde el punto de vista de la programación, es coherente y se está haciendo cargo de un déficit de obras no vistas en Buenos Aires".

Almuth Frieche pertenece a la Sociedad de Teatro Latinoamericano, entidad encargada de promover en Alemania lo que se produce en esta región continental. "Estoy impresionada por la organización, la acogida y el nivel de espectáculos que vi", afirma a su turno esta simpática alemana que habla perfectamente español.

Al momento de hacer una evaluación sobre el aspecto organizativo, el resto de sus colegas no se queda atrás. Es más, parecen del equipo de prensa del festival. Pero, bromas aparte, el encuentro generó una buena cuota de euforia entre el resto de los programadores. "En los países de lengua alemana estamos luchando para que la gente concurra al teatro. Acá eso no sucede. En Buenos Aires hay necesidad de teatro. Para nosotros, ver a gente joven matándose por conseguir una entrada es algo sumamente gratificante", acota la austríaca-argentina. Para Carlos Laredo, representante del Festival de Otoño de Madrid, "las segundas ediciones son siempre difíciles. Sin embargo, la de Buenos Aires estuvo muy bien hecha".

Uno de los objetivos de estos gestores culturales fue conocer la producción de teatro y danza local. Es el caso de la belga Myriam de Clopper, directora del Festival de Singel. Ella descubrió el teatro de Ricardo Bartis en los recientes festivales de Berlín y Aviñón, y se fue de Buenos Aires con la idea de invitarlo a su festival.

Escena loca, óptica extranjera

En general, los programadores internacionales anduvieron a contramano de lo que sucedía con el público local, cuya meta principal fue presenciar los montajes extranjeros. En definitiva, para un europeo un montaje de Peter Brook no es gran novedad. Y de las piezas locales que presenciaron surgen claramente algunas favoritas, como el trabajo de Ricardo Bartis con "El pecado que no se puede nombrar".

La directora del Festival de Viena encuentra que hay dos tendencias en la escena porteña. "Una -sostiene-, remite a la década del ochenta con un universo onírico, casi surrealista, muy bien montado; es el caso de "Cinco puertas" o "El experimento Damanthal". La otra, con exponentes como Rafael Spregelburd o Federico León que, estéticamente, plantean una forma de realismo con buenos momentos de ruptura. En Berlín vi varios trabajos argentinos que funcionaron muy bien. Eso generó que varios programadores quisieran venir." A su turno, la representante de Bruselas aporta sus impresiones sobre su primera visita a Buenos Aires:"Estoy muy impresionada porque, a pesar de la falta de medios e infraestructura, hay una generación que pisa muy fuerte y que merece ser apoyada y respetada. En teatro me llamó la atención que los que hacen las puestas sean los que las escriben. Por otra parte, en esos textos se adivina una tradición freudiana en el gusto por lo onírico".

El español repara en los espacios. "Tienen un sabor muy potente -apunta-. Toda esa gente trabaja mucho con el corazón y con una energía muy fresca." "He visto dos o tres cosas que me gustaron mucho -agrega Abel Carrizo Muñoz, director del Festival de Nuevas Tendencias de Chile-, como "Cinco puertas", "Todos contentos" y las coreografías del grupo Nucleodanza." Opiniones coincidentes y divergentes. De todo en la viña del teatro nacional visto por estos extranjeros. De todos modos, el chileno hace eje en un aspecto que juzga fundamental: "En los teatristas locales hay mucho rigor y una enorme pasión. Dos aspectos que no se encuentran en muchas ciudades del mundo".

Alejandro Cruz

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=155457

Fotos "Castaña", teatro para niños

CASTAÑA, versión libre del cuento "Kashtanka", de Antón Chéjov, por el grupo EOS. Adaptación: Liliana Benítez. Elenco: Ernesto Meza, Sonia Mariel Costa, Paulina Zabala Suárez, Melisa Di Paolo, Ana Messina y Mariana Rolla. Proyecto Escenográfico: Sergio Colón, realización: Andrea Desojo Mac Coubrey, Omar Muso y Laura Muso. Utilería: Jorge Zapata. Diseño y realización de vestuario: Luis Segade. Diseño y realización de maquillaje: Pata Silva. Música: Daniel Gismondi. Asistente de dirección: Ana Conti. Dirección: Erica Poncio. Sala Armando Discépolo, calle 12 e/62 y 63. La Plata

domingo, 26 de septiembre de 1999

La magia más clásica

Domingo 26 de septiembre de 1999 | Publicado en edición impresa

Eleonora e Iñaki, pareja de excepción para dar vida a esta ejemplar "Giselle". Foto: Patricia Di Pietro

Espectáculo coreográfico. "Giselle", música de Adam, coreografía de Gustavo Mollajoli según el original de Coralli/Perrot-Petipa. Con Eleonora Cassano, Iñaki Urlezaga, Silvina Perillo y el Ballet del Teatro Argentino de La Plata dirigido por Raquel Rossetti. Director de la Orquesta Estable del Teatro Argentino:Carlos Calleja. Luna Park.

Nuestra opinión: excelente.

n clásico del calibre de "Giselle" es siempre un desafío tanto para los protagonistas como para el cuerpo de baile. Sobre todo, si se trata de una pareja, Eleonora Cassano e Iñaki Urlezaga, que baila junta por primera vez y que, en el caso de ella, debuta haciendo los dos actos (hace tiempo hizo sólo el segundo).

La puesta en sí fue un reto, ya que aquí también tiene importante desempeño el cuerpo de baile, sobre todo, el femenino. La mezcla de artistas de nivel internacional, con Silvina Perillo, solista del Teatro Colón, y el Ballet del Teatro Argentino de La Plata resultó un boom .

Eleonora se jugó en un papel temido y codiciado. Ultimamente no había interpretado obras integrales clásicas, y ésta es de esas que marcan una carrera. Es la cumbre para desarrollar las facetas de la expresión y todo el caudal técnico. El estilo romántico impone naturalidad al difícil e intrincado tecnicismo; nada hay de divismo ni de pirotecnia, sólo estética, sensibilidad y danza muy sólida, en la que no debe notarse el esfuerzo.

El personaje que da título a la pieza se desglosa en dos según actos. Radiante, impetuosa, perfecta en la variación de puntas, Cassano hace enorme impacto en la escena de la locura del primer acto. Es una artista que ha madurado para llegar a las fibras más íntimas que contiene en su corazón.

Ahora las expone como nunca, hurgando en todos los matices. Aunque dramática, no es exagerada en la tragedia. Impresiona porque hace creíble la repentina demencia de Giselle, a partir de la desesperación de ser engañada por su enamorado. Sus ojos miran al vacío, brillosos de lágrimas, en tanto que suavemente realiza aquellos pasos que le recuerdan los instantes felices junto a Albrecht. Pero sus manos tiemblan, su cara está lívida, su angustia no es actuada. En este fragmento, como en cada cuadro del primer acto, está soberbia.

Leve como pluma

Luego pasará al segundo en el que, como un espíritu, salva a su amado de la muerte. Más que fantasmal, su idea de esta parte es exhibir dulzura y tenue tristeza. Incluso, hay una soslayada pasión. Etérea y diáfana, sus variaciones, de alto vuelo técnico, tienen una endemoniada lentitud como para que, si hay alguna falla, se note de inmediato. Su técnica supera cualquier riesgo y, asimismo, tiene emotividad. El inmenso sentimiento de Giselle perdona la traición y Cassano lo demuestra con creces, desde que aparece saliendo de su tumba hasta que se une, en volátiles pas de deux, con Albrecht.

Iñaki Urlezaga, el platense que ocupa el rango de primer bailarín del Royal Ballet de Londres, es un artista consumado. Con sus 23 años ha pulido su técnica hasta llegar a la maestría en ciertos fragmentos, como los interminables entechat six del segundo acto.

El desarrollo que hace de su personaje, interpretativamente hablando, es excepcional. De los primeros momentos, cuando transforma sus modales de noble en los de un campesino, en una versión fresca y fogosa de Albrecht, hasta el segundo acto, cuando recobra el porte majestuoso a la par que traduce profundo dolor y arrepentimiento, es un ideal.

Artista consumado

Por otro lado, la potencia de sus solos y coda, la perfección en las preparaciones, terminaciones; la excelencia de sus cuantiosos giros y la línea que adhiere espontáneamente al estilo lo convierten en un prototipo del papel. Sin exhibicionismos, su escuela, puramente inglesa, tiene virtuosismo, elegancia y naturalidad. Fabuloso partenaire, Iñaki ha crecido a pasos agigantados. Más que una estrella, hay que decir que es un gran artista que desnuda su interior con serena entrega.

Brillante, dominando el meollo de su personaje, Silvina Perillo encarna a la reina de las willis con supremacía. Esta bailarina interpretó en el Colón tanto a la tierna y bondadosa Giselle como a la maléfica Myrtha. En esta ocasión, se superó a sí misma confiriendo energía, frialdad y pasmosa técnica a este personaje, con el nivel de una primera figura.

Ejemplar fue la labor del cuerpo de baile femenino en el acto blanco, con una homogeneidad y certeza en el estilo que denota el conocimiento y la disciplina aplicada por la directora delBallet del TeatroArgentino,Raquel Rossetti. En el Pas de Paysans, fue luminosa la interpretación de Caroline Queiroz y Christian Pérez en el Pas de Paysans.La versión, de Gustavo Mollajoli, repuesta minuciosamente, se luce al máximo.

Silvia Gsell

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/154952-la-magia-mas-clasica

La obra más emblemática de La Plata finalmente se pone de pie


COMO SERA LA HABILITACION DEL TEATRO ARGENTINO

El 10 de octubre abrirá sus puertas con un espectáculo de nivel internacional. Por su estructura, ya es considerado como uno de los principales teatros líricos del mundo. Hasta el 2000 se presentarán obras con entrada libre y gratuita

La sala lírica, destacada mundialmente


TEATRO ARGENTINO

Una historia cargada de contratiempos

Fuente.http://pdf.diariohoy.net/1999/09/26/c16y17.pdf

jueves, 23 de septiembre de 1999

El Teatro Argentino, por el regreso

El 10 del mes próximo se realizará el concierto inaugural de la renovada sala de La Plata

Jueves 23 de setiembre de 1999 | Publicado en edición impresa LA NACION

LA PLATA.- El domingo 10 de octubre próximo quedará inaugurada la sala lírica del Teatro Argentino, en esta ciudad, a 22 años del incendio que devoró esa casa, en la calurosa tarde del 18 de octubre de 1977.

La sala por inaugurar causa impresión por su magnificencia y por el esplendor que promete. Tendrá 1100 butacas y, más adelante, tres vagones móviles que permitirán la rotación y el cambio de los fondos escenográficos con alta velocidad, que ya se ha probado en centro culturales de trascendencia, como algunos teatros de Broadway, en Nueva York.

El intendente, Julio Alak, y el ministro de Obras Públicas de la provincia, José Romero, informaron sobre la próxima actividad de lo que será una de las salas más grandes y mejor equipadas de América.

Además de la sala lírica quedará también inaugurado un microcine apto para conferencias y para conciertos de música de cámara.

Hasta que, hacia marzo próximo, se emita el Abono 2000, todas las funciones previstas serán con entrada libre y gratuita, a razón de dos billetes por persona.

Por la vuelta

El 10 de octubre, la función inaugural estará a cargo de todos los cuerpos estables de la casa y de artistas de trayectoria internacional especialmente invitados.

Para muestra del encaje en la tendencia popular que imperará en la programación futura, el ballet estable, con la dirección de Raquel Rosetti, ofrecerá la obra " Tango en gris" , con música de Atilio Stampone, Carlos Buono y Miguel Irazu y coreografía de Oscar Araiz. Aquí, actuarán como solistas Stampone, en piano, Buono, en bandoneón, e Irazu, en guitarra.

En la segunda parte, los cantantes Patricia Gutiérrez y Paula Almerares (sopranos), Daniel Muñoz (tenor), Cecilia Díaz (mezzosoprano), Jorge Fiorenza (barítono), Nino Menegheti y Ricardo Yost (bajos) brindarán un recital lírico con arias de "Linda de Chamonix, de Donizetti y "Andrea Chenier", de Umberto Giordano, dúos de "Lakmé", de Leo Delibes y del segundo acto de "Fausto", de Charles Gounod, y el acto segundo de "Aida", de Giuseppe Verdi, que incluye la gran escena triunfal.

Todas estas obras se llevarán en versión de concierto ya que el escenario, de 16 metros de boca, lucirá todavía un telón de fondo.

Con Volonté, sin ópera

También, fuera de la información oficial, trascendió que el día de la inauguración, las luminarias de la sala estarán en un 70 por ciento de su capacidad total, ya que se trata de un equipo de última generación aún no completado en sus detalles.

Después de la inauguración se anunciará para noviembre la presentación del tenor Darío Volonté.

Por ahora no hay una fecha definida para que se represente una ópera completa en el nuevo Teatro Argentino de La Plata.

Martín Carrasco Quintana

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=154576

miércoles, 22 de septiembre de 1999

Fue una fiesta de Caballeros

UNA MULTITUD EN EL MEGARECITAL

Ante más de 40 mil almas, los Caballeros de la Quema interpretaron todos sus hits y coronaron el espectáculo de la primavera. Siete bandas locales hicieron de soportes y expusieron su trabajo. El Bosque fue un mundo

El rock continuará este sábado

Fuente: http://pdf.diariohoy.net/1999/09/22/c18y19.pdf

jueves, 16 de septiembre de 1999

La danza no olvida a Itelman

Jueves 16 de septiembre de 1999 | Publicado en edición impresa

Hoy se cumplen diez años de la muerte de la gran coreógrafa de origen chileno

Hoy se cumplen diez años de la desaparición de Ana Itelman, coreógrafa relevante cuyo estilo fue uno de los faros que iluminó la danza contemporánea nacional. Aquel 16 de septiembre de 1989, aquejada de una honda depresión, a los 62 años, se quitó la vida.

Alguna vez dijo: "Muchas veces los artistas estamos adelantados en nuestro tiempo y por esto somos rechazados y temidos. El artista tiene receptores sensoriales que le producen esa especie de clarividencia y siente necesidad de expresarlo en sus obras".

Aunque nacida en Chile, Itelman entregó su pasión y vocación en nuestro país, donde marcó a generaciones de bailarines en su labor como docente y como creadora.

En 1945 viajó a los Estados Unidos para perfeccionarse, entre otros, con Martha Graham, Louis Horst, José Limon y Hanya Holm. Dos años más tarde regresó para abrir su primera escuela que incluía, además del estudios de las técnicas moderna y clásica, cursos de composición y rítmica. Ana decía que siempre estaba en la búsqueda de fórmulas mixtas entre el teatro y la danza. En aquellos momentos, afirmaba que había un acento en la detección de los problemas humanos y que se dramatizan más los conflictos en su identificación con los personajes.

En 1955 estrenó en el TeatroCervantes "Ciudad nuestra, Buenos Aires", espectáculo que por primera vez aunó el tango, la danza moderna y la poesía.

Precursora de un estilo

En 1957 regresó a Estados Unidos, donde permaneció durante doce años como directora del departamento de danza del Bard College, de Nueva York. Volcó sus ideas en la danza-teatro, línea en la que fue precursora en la Argentina:"En esta época la danza es más dramática y humana. A partir de lo teatral, la danza puede ser asimilada y comprendida por una gran cantidad de gente, porque es algo que tiene que ver con su vida y con su tiempo." Por temporadas regresaba a Buenos Aires, donde montó para el Ballet del Colón, en diferentes temporadas, "Agon", "Jeux" y "La Perí". También realizó nuevas obras para el Ballet del SanMartín, como ellas, "Casa de puertas", basada en "La casa de Bernarda Alba", y "Fedra" y "Odi et amo", sobre los poemas de Catulo.

Volvió definitivamente para poner en marcha, en 1970, su estudio de danza en el sótano de una galería comercial de la avenida Santa Fe, hoy, sede del Taller Coreográfico del Teatro San Martín.

Su ligazón con ese teatro y su compañía de danza fue constante: desde 1977 hasta su muerte creó muchas obras que fueron hitos del repertorio del elenco, como "Las casas de Colomba" (inspirada en "Un tranvía llamado deseo"),"Y ella lo visitaba", "Historia del soldado", "Suite de percal", "Paralelo al horizonte" y "El capote", entre otras.

Se diversificó en hacer coreografía para comedias musicales, como "Aquí no podemos hacerlo", y en montar espectáculos especiales como "El puente de los suspiros", que hizo en colaboración con Doris Petroni, quien la interpretó.

Nadie del ámbito puede olvidar su pelirroja melena rizada; sus modales suaves a la hora de ensayar y estrictos en la enseñanza, aunque impulsora de la creatividad. Tampoco se borrarán su enorme talento y la profundidad y el espíritu renovador de sus obras.

Itelman decía:"En la danza se pone una dedicación exclusiva y hay que tener valor para afrontarlo todo sin siquiera tener a menudo el reconocimiento público. Hay algo en nuestros destinos y poco es lo que podemos hacer para cambiar el curso de los acontecimientos. Biológicamente estamos predeterminados en nuestras acciones y hechos. Esto está en nosotros desde el nacimiento hasta el final".

Irrefutable, la danza, hasta su muerte, estuvo en ella.

Homenaje

El jueves 30, a las 20, la comunidad de la danza y la familia Itelman realizarán un homenaje a la coreógrafa en la sala Ana Itelman, Guardia Vieja 3783. Se proyectarán sus obras "El capote" y "Las casas de Colomba", representadas por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, y "El puente de los suspiros", con Doris Petroni. Gustavo Firpo bailará el solo "Tango".

Silvia Gsell

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/153688-la-danza-no-olvida-a-itelman

sábado, 11 de septiembre de 1999

Gassman: con ganas, pero sin resto

Ovaciones en el debut del actor italiano

"El adiós del matador". Intérpretes: Vittorio Gassman, Marina Lorenzi y Emanuele Salce. Dirección: Vittorio Gassman. En el Opera. Duración: 135 minutos, con un intervalo.

Nuestra opinión: bueno.

Sábado 11 de setiembre de 1999 | Publicado en edición impresa LA NACION

Histriónico, seductor, demagogo, Vittorio Gassman sale a escena con un cigarrillo en la mano. El aplauso que recibe su aparición refleja la admiración y el entusiasmo de su público, como una forma de consentimiento y de adhesión a quien fue considerado en alguna oportunidad un monstruo de la escena.

Con una actitud que traslucía humildad y modestia _casi un simple e imperceptible gesto_, agradeció los aplausos. Allí estaba, con un cuerpo de 77 años que parecía avalar el breve prólogo de la actriz Marina Lorenzi donde pedía, en nombre del actor, disculpas al público por no poder rendir lo que su profesionalismo exigía a causa de su estado de salud.

Pero entró a escena y su cuerpo se agrandó, como si desmintiera a su enfermedad, y, con "El hombre de la flor en la boca", de Pirandello, acompañado por Emanuele Salce, demostró por qué, sin empeñar un gran esfuerzo ni compromiso emotivo con el texto, está entre los grandes de la escena mundial.

Si esta presentación, como anunció Gassman, es su despedida, nada mejor que el texto del dramaturgo siciliano, donde el protagonista es un hombre que sabe que va a morir y se despide de la vida.

Cautiva no sólo por el romance que entabla con la palabra poética, sino por el manejo de los silencios y el suspenso que es capaz de generar para entablar un diálogo emocional con el público. Gran conocedor de todos los recursos teatrales, teje y desteje los tiempos y contratiempos con increíble precisión; los tonos que oscilan entre la tristeza y la ironía, entre la ternura y la mordacidad.

No obtiene el mismo resultado con el fragmento de "Hamlet" ("Ser no ser"), donde la agitación y los problemas respiratorios se hicieron más evidentes. Escogió ese texto como un recordatorio de la época en que el actor tenía años y físico para encarar la problemática del príncipe danés.

Otra vez el tema de la muerte se deslizó entre los labios del actor al pronunciar tanto en inglés como en italiano el famoso "Dormir..., morir..." que enuncia Hamlet.

Su actuación fue breve y, en todo caso, sirvió para lucimiento de la actriz italiana Marina Lorenzi, que tuvo sus cinco minutos de gloria en la piel de Ofelia. Gloria que no fue tanto porque el alto volumen que registraba su micrófono incorporado empañó la sonoridad de la angustia de la protagonista, llevándola a niveles estridentes.

El final de la primera parte la reservó para "Kean", de Sartre, donde recrea el ocaso y decadencia de un actor, Edmund Kean, que hizo de su vida una maravillosa mentira que lo lleva a la soledad.

Qué mejor papel para un actor que interpretar a otro, lo que le permite desplegar toda la grandilocuencia de los grandes divos.

La caída del telón prenunció el intervalo, una pausa necesaria para lo que habría de venir. Otro show.

Una clase en clave de juego

La segunda parte, anunciada como "Lección de teatro", pasó a ser un juego donde Gassman asumió el papel de maestro. Ocho jóvenes, presentados como principiantes, se convirtieron en objeto de las lecciones, mientras el público pasó a ser una audiencia divertida ante las ocurrencias del divo.

La improvisación fue la madre de la desprolijidad y la participación de los jóvenes seleccionados adquirió todo el perfil de un programa televisivo dedicado a la juventud.

Se intercalaron algunos poemas de Borges, recitados en italiano por Lorenzi y Salce, con recuerdos de Gassman sobre sus grandes amigos del teatro: Marcello Mastroianni, John Gielgud, Laurence Olivier, Ruggero Ruggeri, Charles Laughton, sus encuentros con Pablo Neruda y Rafael Alberti.

Una larga secuencia que no aportó mucho más que permitirle al actor exponer su picardía al dialogar con las niñas participantes y escapar de la tensión y exigencias de la actuación. Para el final reservó el Canto V del Infierno de la "Divina Comedia" y ahí, al menos para los amantes del teatro, se vislumbró esa chispa de talento que siempre desplegó con holgura.

No es el mismo Vittorio Gassman que el público celebró en "Ulises y la ballena blanca" o el "Orestes", de Alfieri. Es lógico. Los años y el desgaste se vieron sobre el escenario, sumado a la incómoda situación de percibir la falta de aire en sus pulmones, condición que no impidió que fumara en escena.

Pero tampoco se puede dejar de lado lo que Vittorio Gassman representó para los espectadores que presenciaron cada una de sus actuaciones anteriores.

La función de estreno tuvo mucho de homenaje y reconocimiento a un actor que, como todos los actores, encuentra en el escenario un incentivo para seguir viviendo, aunque se acentuó la convicción de que, para los porteños, ésta fue su despedida de los escenarios.

Susana Freire

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=153055

viernes, 10 de septiembre de 1999

Trisha Brown, sello de la vanguardia

Viernes 10 de septiembre de 1999 | Publicado en edición impresa

Una luminaria para el Festival Internacional: el 25 se estrenará "Solos"

Trisha Brown

Trisha Brown nunca vino aquí. Ni aun ahora, porque será Kathleen Fisher, bailarina de su compañía, quien interpretará su solo "If you couldn´t see me" en el Festival Internacional de Buenos Aires. Será la primera vez que el público argentino verá una obra de esta coreógrafa, una de las figuras más renovadoras de la danza norteamericana y, por ende, de la mundial.

A los 62 años, con su voz suave, cálida, casi tímida por lo susurrante, continúa en esa investigación sin cuartel que la convirtió en punta de lanza del movimiento posmodernista de las décadas de los 60 y 70.

Ni mito ni leyenda: Brown es el pivote que rompió esquemas cuando esta corriente florecía en la Judson Memorial Church neoyorquina, ámbito para que lo experimental diera un giro de 180 grados en la danza. Sus obras hicieron escisiones radicales con el pasado y alientan a la apertura hacia el futuro.

Según etapas, fue abriendo distintas puertas, todas para que se desvanecieran límites y convencionalismos. En este sentido, como eslabón primordial de una cadena entre lo anterior y el porvenir, Trisha contribuyó a que la danza tuviera más elementos y a impulsar a las siguientes generaciones a seguir los vericuetos de su imaginación sin ponerle fronteras a la creatividad.
"Siempre tuve miedos"

En su trayectoria, todos fueron desafíos. Sin embargo, calma y natural, dice en diálogo telefónico con La Nación que todavía tiene miedos: "Siempre los tuve. Inclusive con la obra que presentaré allá. Tenía mucho miedo de hacer una pieza que me mostrara constantemente de espaldas al público. Temía que la reacción de los espectadores fuera, literalmante, que deseaba darles la espalda, ignorarlos. Fue difícil para mí, porque mi sistema de comunicación está en la parte del frente del cuerpo".

Explica que "actuando, miro hacia la oscuridad del escenario, no a la platea, en tanto que la gente ve otras cosas, nuevas interpretaciones de quien soy y, finalmente, tienen una nueva perspectiva del cuerpo y del movimiento. Resultó interesante trabajar de esta manera, con la música de Robert Rauschenberg". Al nombrarlo, pregunta cordialmente: "¿Lo conoce?" Claro que sí: Rauschenberg es uno de los más importantes compositores de la música contemporánea norteamericana y muchas de sus obras fueron inspiración para popes de la vanguardia, como Merce Cunningham, con quien Trisha estudió, luego de aprender las técnicas de Martha Graham y José Limon.

El compositor Louis Horst, muy anexado a Graham, fue su primer maestro de composición, pero John Cage (cuyas partituras se alían a casi todo el repertorio de Cunningham) fue quien le abrió otra visión.
Sempiterna cuestionadora

"En el principio, con Horst comencé un método tradicional de danza. Era muy estricto como profesor y se ajustaba a formas musicales demasiado clásicas; yo quería algo más contemporáneo. Insistía en la existencia de una estructura coreográfica racional e incorporé cómo hacer una creación artesanal. Pero tres años después, cuando asistí a una conferencia de Cage, mis conceptos variaron. Desde entonces me he convertido en una investigadora, en el mal sentido de la palabra. No ceso de preguntarme cuál es el gesto apropiado; no hago lo que hace otra gente. Sólo me pregunto qué es o qué debería ser. No es la coreografía la que hace la danza; la danza tiene un lenguaje; habla por sí misma. Es ahí donde interactúan la coreografía, la música, las artes visuales. Por ejemplo, no hay muchas personas que vean lo que hay de literario en ella, u otras cosas. Todo esto es lo que trato que la gente perciba."

Entre techos y balsas

Desde sus inicios, Brown ha trabajado en espacios no convencionales, montando obras en balsas sobre lagos; en terrazas, como ocurrió en "Roof", en la que dispersó a los bailarines en distintos techos de edificios de Nueva York; en enormes tubos colgando de cuerdas de una construcción, donde sus intérpretes se vestían y desvestían, o, como en "Walking down the side of the bulding", en la que el elenco se deslizaba desde lo alto hasta la vereda sobre la fachada de una casa de siete pisos. Dice trabajar en ciclos: "Llegué a diez, cada cual enfocado en algo diferente. Siempre estoy explorando terrenos desconocidos y creando un nuevo vocabulario".

Hizo obras en las que impulsaba al público a gritar; otras, en las que de la inmovilidad absoluta, similar a la rigidez mortuoria, pasó a las más violentas explosiones de energía. Hubo varias piezas en las que la repetición acumulativa de una misma estructura era la base, desde la primera, que duraba cuatro minutos, hasta otra que bailó en silencio durante 55 minutos. "Me importaba conservar la claridad e independencia de cada movimiento, en tanto que en la repetición los módulos van fundiéndose hasta llegar a la unidad".

Un concepto que refleja sus ideas es el de la improvisación estructurada. "Me interesa el movimiento puro, ni funcional, ni pantomima. Si se apagan las luces y se da vueltas en redondo, eso no será más que una catarsis, una terapia. Pero si se inventa una estructura, si se elige utilizar X, Y o Z de cierta manera; si se quiere ir sólo hacia adelante, permanecer en silencio, realizar 196 gestos antes de tocar la pared del fondo, entonces esa improvisación tendrá límites tangibles".

Al lado de los grandes

A sus trabajos con Cage, Laurie Anderson y otras personalidades, hay que agregar su labor, como coreógrafa e intérprete, de "Carmen", dirigida por Lina Wertmüller. Recientemente creó "M.O", sobre "Musical Offering", de Bach, que "tiene patrones de movimiento que visualizan a través de la danza las figuras musicales de la partitura, como cánones y fugas, en movimientos de gran dinámica".

En 1998 presentó en el Teatro de la Monnaie, de Bruselas, su puesta de la ópera "Orfeo", de Monteverdi. Este año lo hizo en Nueva York. También recientemente estrenó "Five part Weather Invention", con música del jazzero Dave Douglas.

"Seguir buscando es mi premisa. Siempre traté de hacer obras de construcción sólida, abstractas, sin que reflejen un pensamiento. Cunningham y Cage demostraron que podían trabajar separadamente y que, sin tener un hilo que los relacione, los dos lenguajes, el musical y el coreográfico, se juntan. En el medio de esto hay un área con muchas posibilidades interesantes que no han sido exploradas. Es lo que ahora estoy tratando de hacer". .

Silvia Gsell

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/152927-trisha-brown-sello-de-la-vanguardia