domingo, 10 de agosto de 1986

Sumo en Obras (9/8/1986)


"A mí me ocurrió una cosa epifánica", declaró el periodista Carlos Polimeni a mediados de los '90, recordando una tarde de 1986. "Sumo había hecho un recital importantísimo en Obras, que para mí fue el mejor de la historia de la banda, en el año '86. En un año que era como muy crítico en muchas cosas en el país, en el rock también, para mí había un parate creativo grande. Yo escribí un comentario muy laudatorio de ese show en el diario Clarín que se llamó, "En el medio de la crisis el rugido de Sumo", [...] estaba en las postrimerías de su fracaso el plan austral, venía la obediencia debida, empezaba a cundir el desencanto respecto de qué iba a hacer realmente Alfonsín en el gobierno... Sumo llenó dos Obras, fueron recitales muy gruesos, Luca estaba mejor que nunca en su vida, el año '86 posiblemente fue el mejor de Luca en su carrera artística acá. Y la gente parecía que no quería irse nunca de Obras, habían sido 10.000 personas en el fin de semana. Y daba la impresión de que Luca se había convertido ya en una estrella del rock de acá, por todo lo que ocurrió. [...] Era como un momento muy especial. Y yo me fui con esa idea: Luca ya es una estrella.

Y al día siguiente, el lunes siguiente yo vine a una oficina de rock, Abraxas, y caminando por Paraguay, veo chicas saliendo de un colegio vestidas de secundaria, era mediodía, y a Luca sentado en el borde de la escalinata, sentado sobre sus tobillos, con unos lentes oscuros, con toda la ropa rota, mirando el piso fijamente. Me acerqué y le digo, 'Luca, ¿qué hacés?', y él me dijo, 'Descanso. Vengo caminando del Abasto, y me cansé y estoy acá'. Y las chicas empezaron a rodearlo y a mirarlo, pero lo miraban como a una especie de mendigo punk, o como un linyera, como alguien raro, y Luca se hinchó y cruzó a [la plaza]. Y me dijo 'vení, acompañame.' Y tenía como un bolsito tejido, y sacó un sánguche de salame, que era pan negro y salame cortado grueso, con cuchillo, y me invitó. Y a mí no me daba para comer a esa hora y le dije 'no, Luca, gracias', y me dice: 'No, lo que pasa es que casi no dormí desde Obras y andaba caminando'.

Y yo noté que el tipo no tenía ninguna conexión con su supuesta realidad de estrella rockera. Se suponía que a esa hora cualquier otra estrella rockera había cobrado su parte de los conciertos y estaba en algún lugar del mundo retozando o que estaba disfrutando. Pero él estaba totalmente expuesto a la curiosidad de la gente en la calle, y la gente no lo reconocía como una estrella de rock, lo interpretaba como un mendigo, un tipo raro, un loco... La situación no dio para más y yo me fui, y Luca se quedó sentado, y salí como dos horas después de Abraxas y con curiosidad volví a ver si estaba Luca, y Luca estaba sentado en otro banco durmiendo. En el banco de plaza, durmiendo como un linyera a las tres y media, cuatro de la tarde, y todo era muy alucinante, la mezcla entre su poder de convocatoria y lo que él producía sobre el escenario con la gente y su realidad diaria. No se la creía, nunca se la creyó, pero ni aún en los momentos más efervescentes se la creía, seguía siendo un solitario, un mendigo de la ciudad".